Del lado de la cancha, las elecciones municipales. Del lado del jardín, una precampaña presidencial. La votación para la renovación del alcalde, cuya primera vuelta tendrá lugar el domingo 15 de marzo, habrá permitido a los partidos de izquierda ampliar sus fronteras y medir sus fuerzas, mientras que en la izquierda continúa la batalla por la hegemonía entre La Francia insumisa (LFI) y el Partido Socialista (PS). El ganador de la historia que se contará al final de las elecciones espera encarnar el voto útil contra la extrema derecha dentro de un año.
Jean-Luc Mélenchon, recorriendo las calles de Francia para apoyar a los candidatos “rebeldes”, ha comenzado a preparar su probable futura campaña presidencial. El lunes 9 de marzo, durante la reunión parisina de Sophia Chikirou, candidata del LFI en la capital, ella proclamó alto y claro: “Tenemos dos elecciones en una. Todos lo sabéis, porque de lo contrario no habríais venido”.
Para consolidar sus posiciones y ejercitar sus músculos, el movimiento “rebelde” ha desplegado listas autónomas en toda Francia. Pero esta primera gran campaña municipal del LFI fracasó en la recta final, afectada por la muerte, en Lyon, del activista identitario Quentin Deranque, tras una pelea con familiares de la organización antifascista Jeune Garde, cofundada por el diputado del LFI por Vaucluse Raphaël Arnault.
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