Por una vez, en un país donde los presidentes suelen ser elegidos en primera vuelta y sin muchas oleadas, las elecciones presidenciales portuguesas prometen estar llenas de incógnitas. En primer lugar, porque los cuatro principales candidatos están muy igualados en las encuestas desde hace tiempo, sin que sea realmente posible apostar por un ganador, ni siquiera predecir con certeza cuál de ellos podría pasar a la segunda vuelta. Luego, debido a los perfiles particulares de estos candidatos, uno de los cuales, de extrema derecha, reivindica una posición antisistema y otro, nuevo en la política, se presenta como un outsider. Resultado: por primera vez desde 1986 – y la segunda desde la llegada de la democracia en 1976 – el país debería vivir elecciones presidenciales a doble vuelta, el 18 y el 1 de enero.mmm FEBRERO.
Las incertidumbres ligadas a esta situación generan cierto revuelo en torno a un plazo que, sin embargo, es menos crucial que en Francia, ya que el Jefe de Estado portugués, elegido en el marco de un régimen semipresidencial, no preside el Consejo de Ministros ni participa en el Consejo Europeo. Esta vez, sin embargo, la tensión en torno a la campaña electoral está en sintonía con los trastornos que se han producido en el panorama político portugués en los últimos cinco años.
Te queda el 82,42% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.