Dmytro Kushnir ha abandonado el zumbido de las abejas por el de los drones y la apicultura para vivir como soldado. Vladimir Putin no le dejó otra opción. En 2024, el ucraniano dejó a un lado su urticaria y se unió al ejército. A los 46 años se unió a la brigada Rubizh, adscrita a la guardia nacional.
Miembro del batallón de suministros, el cabo suministra equipo al frente. Su empresa está posicionada en la región de Pokrovsk, ciudad que la ofensiva rusa redujo a escombros. “Tenemos que renovar constantemente los equipos. Todo se vuelve consumible… Incluso la vida humana”, explica.
El ex apicultor llegó a París en diciembre para participar en una recaudación de fondos. Habló de sus dos pasiones, sus dos orgullos, que siempre han estado muy unidos: su tierra y las abejas. Antes de la invasión rusa, Ucrania era uno de los mayores productores de miel del mundo. El país contaba con 400.000 apicultores, la mayoría aficionados, que produjeron, en 2021, 60.000 toneladas de miel al año, tres veces más que Francia.
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