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El sábado por la tarde, en Varese, los carabinieri detuvieron a Gesuino Corona, cincuentón nacido en Cerdeña y trasladado a la provincia de Lombardía. La acusación es de homicidio intencional: según los investigadores, fue él quien, unas 24 horas antes, había clavado el cuchillo en el costado de Enzo Ambrosino, de 30 años, de Induno Olona, ​​​​dejándolo desangrarse en el asfalto de Via Porro, justo debajo de su casa. Una única puñalada precisa, de ferocidad casi quirúrgica, mientras la lucha entre dos familias estallaba por todos lados. ¿El motivo? Trescientos cincuenta euros. Un número ridículo, de esos que antes se olvidaban con un apretón de manos o una maldición. Aquí, por el contrario, se pudrieron durante días, convirtiéndose en orgullo herido, en términos crudos, hasta la reunión nocturna en la calle para “resolver el problema”.

Enzo regresaba del cumpleaños de su hija, estaba separado de su esposa y sus dos hijos pequeños viven con su ex y su papá nunca lo volverá a ver. De hecho, debajo de su casa, el treintañero encontró cuchillos, un montón de hierro y el rencor acumulado de quien no tiene nada que defender más que lo poco que le queda. Su padre Gennaro, que salió a la calle para intentar defenderlo, también recibió un disparo en la cabeza. Sangre en el asfalto, gritos grabados por los móviles de los vecinos, un coche oscuro que huye en la noche. Y un pueblo de poco más de 10.000 habitantes que nunca volverá a ser el mismo después de este episodio.

Gesuino Corona, que hasta entonces no tenía antecedentes penales, fue baleado por carabineros en el hospital de Niguarda, donde había acabado debido a una puñalada en el glúteo recibida durante el enfrentamiento. Actualmente se encuentra en una celda en Varese. Su hijo Dimitri, de veintisiete años, también se encontró en dificultades con él, denunciado por peleas con otros, ya conocido por una escapada en un Mercedes que había terminado mal unas semanas antes.

Ésta es la verdadera desolación: no la sangre, sino la absoluta maldad del gesto. Hombres de mediana edad siguen suicidándose por deudas baratas, como si la vida no les hubiera ofrecido otro escenario que este sórdido teatro provincial. Treinta años contra cincuenta, padres e hijos que arrastran tras de sí los mismos fracasos, la misma ira sorda, la misma incapacidad para medir el valor de una vida frente a unos pocos billetes de banco.

Induno Olona, ​​cualquier noche. Via Porro, la calle central que durante el día parece inofensiva. Y en cambio bastan doscientos cincuenta euros, una cita hecha con resentimiento para que todo caiga en la banalidad del mal más común. El que ni siquiera es noticia nacional, pero que deja dos familias destrozadas, dos niños sin padre y un cincuentón en prisión preguntándose cómo es posible que su existencia haya quedado reducida a esto: un cuchillo, una deuda, un cadáver en el asfalto.

Las investigaciones continúan, pero el arresto ya ha cerrado el círculo.

Lo que queda es el sabor amargo de un enfrentamiento que no resolvió nada: sólo añadió muerte a una vida ya pesada.

La provincia no perdona. Y sobre todo no concede la redención. Sólo cuentas por ajustar, con sangre si es necesario.

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