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Una dulce presentación. Esta es la imagen que surge al escuchar a Ibrahim Youssef (foto), divulgador, doctor en ciencias políticas y filosofía, activista, según leemos en Facebook, de los Jóvenes Musulmanes de Italia y voluntario de Islamic Relief Italia, mientras reflexiona sobre el destino político del país en 2050. Con ocasión, el podcast “Strong Beliver”, un “proyecto de empoderamiento personal y crecimiento espiritual” fundado por Abed Elbakki Rtaib. El enfrentamiento, disponible en YouTube, tuvo lugar inmediatamente después de la elección de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York. El tono, desde el principio, recuerda ciertas páginas de Houellebecq: la sensación de un cambio que no explota, sino que se filtra, se asienta, modifica el equilibrio sin ser anunciado. El punto de partida es una comparación sorprendente: “Pensemos en el caso de Italia: hoy tenemos partidos de derecha que, hace casi un siglo, eran los que exterminaban a los judíos y que, por el contrario, promueven el Estado de Israel. Han realizado un cambio radical y enorme”. De ahí la pregunta que, según Youssef, todo musulmán debería hacerse: ¿qué impacto puede tener la comunidad islámica en el nuevo siglo? “Preguntas difíciles, abstractas y teóricas, pero hay que tener esa previsión. La comunidad judía la tenía”. El pensamiento se vuelve digital: en 2022, los musulmanes representaban el 4,6% de la población italiana; las proyecciones indican un 9,6% en 2050, según el Pew Research Center. Una figura que, transformada en base electoral, remodela equilibrios que hoy parecen graníticos. “Partiendo de la hipótesis de que este 9,6% tiene nacionalidad italiana y puede votar, entendemos que la comunidad musulmana tendrá un enorme impacto político. Si todos votaran, un partido como la Liga nunca se permitiría ir contra la comunidad islámica, porque de lo contrario no podría ganar”. Es una Italia que cambia lentamente, casi imperceptiblemente: la misma atmósfera suspendida que, en “Sumisión” de Houellebecq, precede al punto de inflexión político final, cuando las transformaciones culturales acumuladas bajo la superficie se vuelven hegemónicas. El divulgador, al menos en Facebook, también relanza la batalla de Muro27, el partido musulmán de Roma. Pero, advierte Youssef, un escenario favorable no es en modo alguno automático: requiere una conciencia política colectiva que aún no existe hoy. “Es necesario que haya debates, es necesario generar conciencia sobre si podemos votar o no. Necesitamos pensar en ello”. Y añade: “Espero que en 2050 haya gente mucho mejor que Mamdani. Pero mientras sigamos desairando la política, pero, como dice un amigo mío, mientras no estemos en la mesa sino en el menú, ¿qué esperamos cambiar?”. La conclusión es una estrategia gradual, cuidadosa y casi programática: apoyar a cualquier musulmán que entre en política, incluso si no puede encarnar plenamente el programa religioso. “Debemos asegurarnos de que cuando un musulmán entre en política, lo apoyemos. Que promovamos tanto como sea posible de lo que hay que promover. El musulmán en la política no puede promover todo lo que un musulmán debería promover, sino paso a paso…”. Es difícil definir los límites y el objetivo de este “paso a paso”. Los protagonistas del podcast, escépticos sobre la autenticidad política de Mamdani, reflexionan sobre el principal camino a seguir para hacer emerger la causa musulmana en Italia. Es aquí donde Youssef, siguiendo el modelo “sionista”, menciona a otro grupo: los LGBTQ, explicando cómo es la “cultura” la que ha hecho posibles batallas que antes se consideraban inaccesibles en la política actual. “Ellos también fueron víctimas de discriminación”, observa, “pero con previsión política lograron alcanzar un objetivo a “largo plazo”. “Sigo pensando que primero es la cultura y luego la política. Hoy, para los políticos, es posible plantear propuestas a favor de las comunidades LGBT “gracias al trabajo cultural” que se ha hecho. Detrás de esta estrategia “blanda” hay un vínculo potencial: una continuidad, al menos a nivel metodológico, con los documentos de los Hermanos Musulmanes en Occidente, donde la idea del progresismo cultural como premisa para la conquista política es central. Youssef no lo reclama ni lo nombra.

Pero la asonancia, para quienes estudian los fenómenos, es un elemento recurrente: la política como punto de aterrizaje, no como punto de partida. Y la cultura como suelo a fertilizar antes de que las urnas se vuelvan decisivas. Un horizonte que, en la visión que evoca el podcast, parece haber comenzado ya.

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