Cómplices de este intercambio como de la aventura, los tortolitos vascos son conscientes de ser competitivos, aunque explican que han evitado ser demasiado ambiciosos. “No queríamos irnos temprano en absoluto”, describe Héléna. Una vez que llegamos allí, nos involucramos muy rápidamente y esperábamos llegar más lejos, evitando ponernos metas demasiado grandes, no queríamos traer mala suerte. »