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El control de Estados Unidos sobre Irán se está intensificando. El Pentágono se está preparando para enviar más fuerzas y recursos a Medio Oriente, donde se espera que lleguen el portaaviones Lincoln y los sistemas de defensa aérea terrestres. Un refuerzo de la presencia se considera esencial y estratégico si Donald Trump opta por un ataque que, sin embargo, parece congelado por el momento. Lo confirma también el tono más relajado utilizado por el propio presidente estadounidense: en La Verdad, expresó su “gran respeto” por la decisión de los líderes iraníes de cancelar 800 ahorcamientos. “Gracias”, escribió.

Mientras la diplomacia sigue trabajando entre bastidores, el hijo del último sha, Reza Pahlavi, pide en voz alta la intervención estadounidense, posicionándose como líder de la transición en caso de caída del régimen de Teherán. “La República Islámica caerá, la cuestión no es si, sino cuándo”, declaró con confianza desde el escenario del Club Nacional de Prensa en Washington, subrayando que sin intervención militar, se necesitará más tiempo y más sangre para derrocar al régimen. “Trump, no dejes que nos maten”, fue su sincero llamamiento, dirigido también a la comunidad internacional para aumentar la presión sobre Teherán. Comprometido a regresar a Irán, Pahlavi dijo que los ataques a la “arquitectura de represión”, o el sistema de mando y control de la Guardia Revolucionaria, podrían asestar un golpe mortal al régimen y ofrecer una oportunidad al pueblo iraní. A quienes le preguntaron sobre el rumbo futuro del país, el hijo del último sha respondió sin dudarlo: “La decisión corresponde a los iraníes. Sólo intento ayudarlos a liberarse”.

Hasta ahora, Trump aún no ha levantado sus reservas sobre una redada. Sus asesores le advirtieron que un atentado no garantiza la caída del régimen. De hecho, podría causar un conflicto aún mayor. Además, para una incursión a gran escala, Estados Unidos necesita mayor potencia de fuego, capaz de proteger a las tropas estadounidenses en la región y a sus aliados. Ataques más pequeños son una opción pero, más allá de tranquilizar a los manifestantes en las calles, tendrían efectos muy limitados sobre el régimen.

Por lo tanto, las consultas estadounidenses con sus aliados continúan estrechamente. El presidente estadounidense se reunió nuevamente el jueves con el primer ministro israelí para discutir sobre Teherán. Los dos líderes – informa Axios – ya habían hablado la víspera y Netanyahu había pedido la suspensión de un posible ataque para dar tiempo a Israel a prepararse. Mientras tanto, se espera que el director del Mossad, David Barnea, llegue a Washington: una visita que forma parte de las consultas entre Estados Unidos e Israel sobre una posible acción militar en Irán en respuesta a la represión del régimen.

El primer ministro israelí también habló sobre Irán con Vladimir Putin, quien confirmó “la voluntad de la parte rusa de continuar realizando los esfuerzos de mediación adecuados”. Después de Netanyahu, el presidente ruso consultó también al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, con quien comparte – afirmó el Kremlin – “una posición unida a favor de una rápida reducción de las tensiones en torno a Irán”.

Los países árabes también buscan una reducción de la situación y esperan que la comunicación entre la República Islámica y Washington pueda desactivar por completo el riesgo de una intervención estadounidense. Pero la última palabra la tiene Trump, cuya imprevisibilidad, como lo demuestra la redada en Venezuela, deja todas las puertas abiertas.

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