Ud.Algunas medidas de política económica provocan un rechazo casi instintivo por parte de la mayoría de los franceses. Como si se tratara de un tabú, muchas reformas, aunque podrían mejorar la situación económica y social, difícilmente pueden mencionarse sin despertar desaprobación. Mencionamos cinco de ellos: la introducción de un componente de capitalización en el sistema de pensiones; la transición de una lógica de protección del trabajo a una lógica de protección de las personas y las capacidades; reforma del sistema educativo; la transferencia de parte de las cotizaciones sociales al IVA; y una profunda reorganización del sector público. Examinémoslos.
Capitalización
Evidentemente no se trata de abandonar el sistema de reparto (en el que los activos financian las pensiones de los jubilados) por un sistema de pensiones enteramente basado en la capitalización (en el que la gente ahorra para la vejez). Porque el paso de uno a otro implicaría necesariamente, inicialmente, una doble cotización para los activos, una para financiar las pensiones actuales y la otra para acumular su capital de jubilación. Por otra parte, la creación, además del régimen general y de los regímenes complementarios, de un “tercer pilar” obligatorio en forma de capitalización permitiría elevar significativamente el futuro nivel de vida de los pensionistas.
El rendimiento real medio de una inversión en acciones francesas, incluidos los dividendos, desde 1990 ha sido del 6,9%, frente a un crecimiento económico del 1,4% anual. En estas condiciones resulta difícil comprender el rechazo masivo a la idea de introducir una dosis de capitalización en el sistema de pensiones.
Flexiguridad
Segundo tabú: la transición de la protección del empleo a la protección personal, basada en el modelo de flexiguridad adoptado, por ejemplo, en Dinamarca. En Francia, una protección del empleo demasiado fuerte endurece la estructura productiva y ralentiza la difusión de habilidades. En las empresas, el elevado coste de los despidos desalienta algunos desarrollos e inversiones necesarios. Esta situación es especialmente perjudicial para el sector tecnológico, donde la tasa de fracaso de los proyectos innovadores es alta.
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