Mateo (se han cambiado los nombres) se enamoró de Francia en Colombia mientras leía a Camus y Sartre. A los 24 años, licenciado en Bellas Artes por la Universidad Nacional de Colombia, cruzó el Atlántico para matricularse en un curso de audiovisual en una universidad de París. En septiembre de 2025 llegó a Francia con 1.500 euros de ahorro, suficiente para cumplir con los requisitos del visado de larga duración, que exige a los estudiantes extranjeros demostrar 615 euros de recursos mensuales. Pero, incluso si tienen buena reputación, a muchos les cuesta llegar a fin de mes.
La realidad pronto lo alcanzó: 540 euros de alquiler, casi tanto como comida, entre 300 y 400 euros enviados cada mes a su madre en Colombia. Sin salario no sobrevivirá. CV en mano, se acerca a la restauración y en octubre consigue un contrato indefinido como camarero. Durante los cuatro meses de prueba, trabajó casi cien horas al mes y recibió 914 euros netos. “No fue suficiente, pero no pude hacer más por el límite”resume el joven colombiano. El límite tiene un nombre: la visa. Para los estudiantes de países fuera de la Unión Europea (UE), el trabajo se limita a novecientas sesenta y cuatro horas al año, o aproximadamente veinte horas a la semana.
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