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Europa ya no puede permitirse el lujo de ponerse al día. Y en el campo de la inteligencia artificial, la distancia entre Estados Unidos y China corre el riesgo de transformarse rápidamente en una división estructural, económica y estratégica insalvable. De esta conciencia parte el nuevo impulso del líder de Dimensione, Stefano Bandecchi, que relanza con fuerza la necesidad de un punto de inflexión inmediato en las políticas europeas en materia de innovación, infraestructuras y regulación.
“La inteligencia artificial ya no es una promesa, sino una realidad plenamente operativa. Desde la manufactura avanzada hasta la atención sanitaria, desde las finanzas hasta la administración pública, la IA es hoy un factor favorable que afecta directamente a la productividad y a la capacidad competitiva de los sistemas económicos. Ignorarla o frenarla significa exponernos a una marginación progresiva”, observa Bandecchi. De ahí el llamado a una emergencia verdaderamente europea: “Debemos volvernos rápidamente autónomos en los servicios digitales y el primer desafío es el de las inversiones. » Se necesitan recursos enormes, pero sobre todo coordinados, para la creación de centros de datos de próxima generación, capaces de soportar cargas informáticas cada vez mayores. Estas infraestructuras representan la columna vertebral de la economía digital europea.
Pero, advierte, no basta con construir: “Se necesita una planificación integrada que combine tecnología y energía. Los sistemas dedicados a la inteligencia artificial consumen mucha energía y requieren una disponibilidad estable y segura de electricidad. Su construcción debe ir de la mano con el desarrollo de fuentes de energía relevantes, evitando nuevas dependencias o desequilibrios”.
Además de las inversiones en infraestructura, Bandecchi destaca un punto igualmente decisivo: “La inteligencia artificial no es sólo hardware. Sin una inversión significativa en investigación, desarrollo de modelos y capacidades de programación, corremos el riesgo de construir contenedores vacíos. Se necesitan políticas específicas para apoyar a las universidades, los centros de investigación y las empresas innovadoras, fomentando el nacimiento de modelos europeos y habilidades avanzadas capaces de competir a escala global”.
El paralelo con el tema de la independencia energética es explícito: “Así como Europa pagó el precio de una estrategia energética fragmentada e inconclusa que hoy nos hace depender en gran medida de Estados extranjeros, hoy existe el riesgo de repetir el mismo error a nivel tecnológico. La independencia en términos de inteligencia artificial es un objetivo estratégico, no sólo económico sino también geopolítico.
Otro capítulo central es el de la regulación: “Europa está, con razón, atenta a la protección de los derechos, pero debemos evitar que la burocracia excesiva se convierta en un freno. Necesitamos una simplificación inteligente: menos restricciones siempre que sea posible, pero sin reducir los niveles de seguridad de los ciudadanos y del sistema”. Una normativa que, en sus intenciones, debe apoyar el desarrollo: “Debemos crear un contexto favorable a las inversiones, de lo contrario se corre el riesgo de que las plataformas y los capitales se trasladen a otros lugares, dejando atrás a Europa”.
Por último, la cuestión de los recursos naturales: “Los centros de datos requieren enormes cantidades de energía y agua. Es esencial una planificación cuidadosa y sostenible, que tenga en cuenta la disponibilidad territorial y el impacto ambiental, evitando nuevos problemas críticos”.
El panorama que está surgiendo es el de un desafío complejo, pero que ya no puede posponerse. “Europa tiene todas las capacidades para afrontar el desafío: universidades, empresas, capital humano. Lo que falta es velocidad en la toma de decisiones políticas y una visión estratégica compartida. Se deben establecer asociaciones europeas en todos los niveles, se deben crear las condiciones para traer a nuestros mejores investigadores y académicos de regreso a Italia y a la UE, y la Europa de los próximos 100 años debe planificarse hoy”. Sin embargo, según Bandecchi, el plazo es limitado: “Es posible cerrar la brecha con Estados Unidos y China, pero estamos casi en un punto de no retorno y debemos actuar de inmediato”. Porque, concluye el líder de Dimensione, “en la economía de la inteligencia artificial no hay posiciones intermedias: o eres protagonista o te vuelves dependiente. Y para Europa la cuestión concierne al crecimiento económico, pero también a la seguridad y a su autonomía estratégica”.