valerio castro
Dos activistas anarquistas son víctimas de la explosión que destruyó anoche una granja en el Parco degli Acquedotti de Roma. Se trata de Sara Ardizzone, una romana de treinta y seis años, y Alessandro Mercogliano, originario de Nola, en la provincia de Nápoles. Ambos estarían cerca de la zona anarquista vinculada a Alfredo Cospito (el Fai-Fri) y, según las primeras hipótesis de la investigación, podrían haber muerto mientras manipulaban o montaban una bomba de alto potencial en el interior del edificio abandonado. El lugar de la explosión, conocido como Casale del Sellaretto y situado en via delle Capannelle, está ahora en el centro de las investigaciones de la fiscalía del Capitolio. La investigación, confiada al grupo antiterrorista y coordinada por el fiscal adjunto Giovanni Conzo, está actualmente abierta sin sospechosos, pero los investigadores intentan reconstruir con precisión la dinámica de lo ocurrido. Esta tarde ya se ha presentado un primer informe, mientras que en los próximos días se realizarán más exámenes, incluidas autopsias de los cadáveres.

La información recabada en las primeras horas sugiere un accidente ocurrido durante la preparación del material explosivo. En particular, uno de los dos, el hombre, presentaba evidentes y graves quemaduras en el brazo, detalle que refuerza la hipótesis de una manipulación directa del dispositivo poco antes de la explosión. Un elemento considerado significativo por los investigadores, que lo interpretan como un posible signo de contacto estrecho con el dispositivo. Sin embargo, los investigadores de Digos de la comisaría de Roma mantienen la mayor confidencialidad. La posibilidad de que el dispositivo estuviera destinado a un ataque también tiene peso. La línea de investigación, aún embrionaria, se considera plausible a la luz del contexto en el que evolucionaron las dos víctimas y de los precedentes atribuibles al entorno anarcoinsurreccional. En función de lo que surja, la atención se centra también en objetivos potenciales vinculados al sector industrial de la defensa, como la empresa Leonardo, ya objeto de acciones de demostración en el pasado, o en infraestructuras como la red ferroviaria.

Los investigadores no descartan la posible presencia de cómplices. Los investigadores están comprobando los contactos, movimientos y relaciones recientes de las dos víctimas para determinar si otras personas pudieron haber desempeñado un papel en la preparación de la bomba o en planes más amplios, un aspecto considerado crucial para comprender si el episodio es aislado o forma parte de un contexto organizado. Los nombres de Ardizzone y Mercogliano no serían desconocidos para los círculos de investigación de la policía y los carabinieri. Ambos son señalados como figuras incluidas en el circuito anarquista más radical y cercanas a contextos que ya han aparecido en investigaciones anteriores. Entre ellos, la investigación turinesa denominada “Scripta Manent”, que había destapado una serie de episodios relacionados con el uso de artefactos explosivos e incendiarios: desde los ataques cerca de la antigua escuela de carabinieri de Fossano, hasta los paquetes incendiarios enviados en 2006 a personalidades de Turín y los artefactos colocados en 2007 en el barrio de Crocetta, con la intención de atacar también a posibles socorristas. Sara Ardizzone, que residía en Umbría en particular, era considerada una figura muy conocida en los círculos anarquistas romanos y había adoptado una postura pública en varias ocasiones. Durante una audiencia preliminar, en el marco de un procedimiento vinculado al ámbito anarquista, leyó en la sala una declaración muy radical, en la que se define como “enemiga del Estado” y reivindica una visión de total oposición a cualquier forma de poder institucional. En su discurso, también sostuvo que la violencia de los oprimidos podría considerarse una respuesta legítima contra las estructuras de dominación, comentarios que llamaron la atención de los investigadores. En otras declaraciones realizadas en el mismo contexto del juicio, Ardizzone también había criticado duramente el régimen de detención 41 bis, definiéndolo como una forma de tortura y afirmando que la detención de Alfredo Cospito no tuvo un efecto disuasorio, sino que reforzó sus convicciones ideológicas.

Otra línea de investigación, desarrollada en los últimos años por la fiscalía de Turín, también había puesto de relieve los vínculos entre círculos anarquistas y personas encontradas en posesión de materiales explosivos y documentos considerados útiles para planificar atentados. Elementos que hoy vuelven a aparecer bajo el prisma de los investigadores para comprender posibles vínculos con lo ocurrido en Roma. Mientras tanto, las tierras agrícolas siguen confiscadas y vigiladas por la policía. Continuarán las investigaciones técnicas, incluidas las de los bomberos, para esclarecer la naturaleza del explosivo y comprobar si había otros artefactos o materiales en el interior de la estructura.