Buenas noticias para los consumidores italianos: se espera que las facturas de electricidad y gas sean más ligeras en el nuevo año. Según estimaciones de Facile.it, el principal comparador web italiano para comparar productos y servicios, el gasto energético en 12 meses podría reducirse alrededor de un 9%, con un ahorro medio anual de 212 euros por familia. En concreto, el gasto global pasaría de 2.450 euros en 2025 a unos 2.236 euros en 2026, con el mismo consumo y condiciones contractuales.
La mayor reducción se producirá en el gas natural. Considerando una familia tipo – con un consumo anual de 2.700 kWh de electricidad y 1.400 metros cúbicos estándar de gas – Facile.it estima que la factura del gas podría caer un 12%, de 1.691 euros en 2025 a 1.493 euros en 2026. Suponemos también una reducción de los gastos de electricidad: la factura de la luz debería rondar los 743 euros, con una caída estimada del 2%.
Quienes se beneficiarán inmediatamente de la rebaja de precios serán principalmente los clientes que se beneficien de contratos de precios indexados, que se adaptan automáticamente a los cambios en los mercados mayoristas a través de los índices PUN (para la electricidad) y PSV (para el gas). Sin embargo, incluso aquellos que tengan una tarifa de precio fijo podrán evaluar un cambio de oferta para aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece el mercado.
El análisis de Facile.it se basa en la evolución de los índices PUN y PSV durante el año 2025 y en las previsiones elaboradas por la Bolsa Europea de Energía (EEX) para los próximos 12 meses. En detalle, el PUN –referencia del precio mayorista de la electricidad– debería caer un 4%, desde una media de 0,1158 €/kWh a 0,1107 €/kWh. La caída del PSV, el índice del gas natural, es aún más acusada, y se espera que caiga un 25%, desde 0,4119 €/m3 a 0,3087 €/m3.
La desaceleración de los precios no ocurre de repente. Tras los picos registrados a principios de 2025, con valores en torno a los 0,150 €/kWh en febrero, el mercado eléctrico mostró una paulatina estabilización en el segundo semestre. Varios factores han contribuido a esta tendencia: condiciones climáticas más suaves, que han reducido la demanda de energía, y políticas adoptadas por el gobierno para reducir la dependencia del suministro ruso. El aumento de la producción a partir de fuentes renovables y la diversificación de las importaciones de gas, con mayores flujos desde Estados Unidos, Argelia y Libia, han ampliado la oferta, reduciendo la presión sobre los precios.
Sin embargo, persiste un problema fundamental y crítico: el sistema energético italiano sigue estando muy desequilibrado en lo que respecta al gas, el 95% del cual se importa del extranjero y, por tanto, está expuesto a las fluctuaciones del mercado internacional y a las tensiones geopolíticas. No es casualidad que el gas haya sido la principal causa del aumento de la factura en los últimos años, especialmente tras el inicio del conflicto ruso-ucraniano. Además, en Italia las centrales termoeléctricas siguen cubriendo el 40% de las necesidades energéticas. Además, el mecanismo de precio marginal significa que el coste de la electricidad lo determinan estas plantas, muchas veces las últimas en activarse para satisfacer la demanda. Por lo tanto, cuando el coste del gas baja, los precios de las facturas de electricidad también bajan, mientras que los pequeños aumentos se trasladan inmediatamente a los consumidores.
Sin embargo, a pesar de esta fragilidad, la diferencia de costes en comparación con otros países europeos es hoy relativamente limitada. Según los últimos datos de Eurostat, el precio de la factura en Italia está significativamente alineado con la media europea, con un coste medio por familia de 54,85 euros al mes frente a los 50,1 de la media de la zona euro (los datos se refieren a la clase de consumo 2500-4999 kWh/año, es decir, la típica familia italiana según ARERA). Se trata de un coste significativamente menor que el de Alemania, mientras que España y Francia incurren en costes más bajos porque pueden beneficiarse de una combinación energética que depende menos del gas e incluye una mayor proporción de energías renovables además de la nuclear.
En resumen, la esperada caída de las facturas no resuelve todos los problemas estructurales del sistema energético italiano, pero representa un importante rayo de esperanza. Una señal que muestra cómo la diversificación de las fuentes y el desarrollo de las energías renovables pueden traducirse, con el tiempo, en beneficios concretos también para los bolsillos de los consumidores.