La “fatiga primaveral” puede ser más un fenómeno cultural que biológico. Esto es lo que revela un estudio dirigido por Christine Blume del Centro de Cronobiología de la Universidad de Basilea, realizado con Albrecht Vorster de la Universidad de Berna, publicado en la revista Revista de investigación del sueño. El estudio se basó en una encuesta en línea en la que se contactó a los participantes cada seis semanas durante un año, a partir de abril de 2024. Los investigadores evaluaron las respuestas de 418 personas.
En la encuesta, los participantes informaron cuán agotados se habían sentido durante las últimas cuatro semanas. También se les preguntó si tenían sueño durante el día y si dormían bien. La encuesta se repitió durante varias temporadas. Al comienzo del estudio, aproximadamente la mitad de los participantes informaron que sufre de fatiga primaveral. “Esto también debería haber quedado claro al evaluar los datos de la encuesta”, subraya Blume. Sin embargo, este no fue el caso.
“En primavera los días se alargan rápidamente”, explica el investigador. “Si la fatiga primaveral fuera un fenómeno biológico real, debería manifestarse durante esta fase de transición, porque el cuerpo debe adaptarse, por ejemplo”, añade. Sin embargo, en los datos, la velocidad a la que cambió la duración del día no influyó en la “fatiga” reportada por los participantes. Asimismo, no se encontraron diferencias entre meses o estaciones.
Los investigadores interpretan la discrepancia entre la percepción subjetiva y los datos medidos como una indicación de que la fatiga primaveral es más un fenómeno influenciado culturalmente que un verdadero síndrome estacional. Debido a que existe un término establecido para este fenómeno, muchas personas prestan más atención al cansancio que se sienten en primavera e interpretan los síntomas en consecuencia. Por tanto, el fenómeno se perpetúa a sí mismo. “En primavera también podemos sentir la necesidad de ser más activos y disfrutar del buen tiempo”, subraya Blume. “Si no lo logramos, nuestras expectativas y nuestro nivel subjetivo de energía pueden ser muy diferentes”, añade. Es útil explicar o incluso justificar esto por la fatiga primaveral. “Ésta es una explicación plenamente aceptada por la sociedad”, subraya Blume.
En general, muchas personas se sienten más cansadas y duermen un poco más durante los meses más oscuros del año. Esto fue confirmado por esami cronobiológico y también se refleja en los datos proporcionados por los participantes del estudio. Una razón podría ser que la noche biológica, regulada por el reloj biológico del cuerpo, dura un poco más durante los meses de invierno. “Pero esto también significa que deberíamos sentirnos mejor cuando los días se hacen más largos”, explica el científico.
Esto es especialmente evidente en verano, como destaca el análisis de los datos: “En verano, generalmente, mucha gente duerme menos: los días son largos y por la noche nos reunimos con amigos para disfrutar de las noches de verano”, explica Blume. A pesar de la reducción del sueño, no aumenta la fatiga. Por este motivo, Blume recomienda que quien se sienta letárgico en primavera debe pasar el mayor tiempo posible a la luz del díamantenerse físicamente activo y garantizar un sueño adecuado.
Emmanuelle Perugini