Violación, violencia, estrangulamiento, amenazas, acoso continuo y luego muerte. Sin embargo, Inès Mecellem, de 25 años, había hecho todo lo posible para intentar escapar de su expareja, Habibou K. Pero una “acumulación de fallos” por parte de los servicios estatales no pudo evitar el asesinato de la joven, asesinada de varias puñaladas, el 8 de septiembre en Poitiers (Viena). Su expareja se ha dado a la fuga y es buscada.
El 10 de julio, tras varios meses de calvario, abrió la puerta de una comisaría y presentó una denuncia por “violación, violencia, acoso, amenazas de muerte” contra su expareja. Luego, en las semanas siguientes, acudió a la comisaría en cuatro ocasiones, los días 17 de julio y 13, 19 y 28 de agosto, para presentar nuevas denuncias, alegando que nuevamente fue acosada y amenazada de muerte.
El 6 de septiembre, Inès Mecellem incluso activó su teléfono de peligro grave (TGD), un dispositivo que permite a las víctimas de violencia doméstica alertar rápidamente a la policía. La mataron a puñaladas dos días después.
Un acto “razonablemente previsible”.
En un informe, presentado el pasado mes de diciembre y consultado por Le Parisien este jueves, la Inspección General de Justicia (IGJ) cree que el acto “asesino” de la expareja de Inès Mecellem era, sin embargo, “razonablemente previsible”.
(2/2) El “gato”: un misterioso violador en serie
Pero una “acumulación de fallos” de los servicios estatales no pudo evitar el feminicidio de Inès Mecellem, estima la Inspección General de Justicia en su informe, citando en particular “debilidades importantes en la evaluación de riesgos, la tramitación de denuncias y la coordinación judicial”.
La primera denuncia, presentada por la joven el 10 de julio, destacaba sin embargo “una situación excepcionalmente grave”. Pese a ello, la decisión fue tratada “según una lógica puramente administrativa”, lamenta la IGJ, considerando que la decisión no se “basó en la realidad de la amenaza”.
Si a la joven se le hubiera asignado un teléfono de grave peligro el 23 de julio, dicho sistema habría estado “centrado exclusivamente en la protección de la víctima, sin una respuesta concomitante hacia el imputado”, recuerda la IGJ. Porque en aquel momento “no se ejecutó ninguna orden de registro, ninguna detención, ninguna prohibición de acercamiento ni ninguna otra medida restrictiva”, aunque la expareja de Inès Mecellem presentaba “un claro peligro”, estima el informe.
“Continuaron las dificultades para monitorear y evaluar la evolución del riesgo”, señala la IGJ. En los dos meses siguientes, entre julio y agosto de 2025, la joven presentó otras cuatro denuncias, mientras su abogado alertaba periódicamente a la Fiscalía. Para la IGJ estos elementos “debieron llevar a una reevaluación inmediata de la situación”.
El 6 de septiembre, cuando Inès Mecellem activó su teléfono de peligro grave (TGD), la policía detuvo a su expareja, pero la respuesta provocó su “liberación inmediata”, sin custodia policial y sin “decisión judicial posterior”. Un trato “sustancialmente formal y administrativo” incluso si “la situación entraba en una fase prehomicidio”, lamenta la IGJ. El feminicidio de la joven ocurrió dos días después.
“No se evaluó adecuadamente el peligro extremo que enfrentaba la víctima”
Este caso pone de relieve una “paradoja” ya observada en otros casos: a pesar de la existencia de “numerosas herramientas” y de una “imagen clara”, “el peligro extremo que pesaba sobre la víctima no fue correctamente evaluado ni suficientemente previsto”, concluye el informe de la Inspección General de Justicia.
Las herramientas existen pero “su eficacia depende de la coordinación, que, en este caso, no funcionó”, cree la IGJ, insistiendo en la “necesidad de una gestión reforzada del seguimiento de los casos de violencia doméstica por parte de la Fiscalía”.
Poco antes de la publicación, por orden del ministro de Justicia, Gérald Darmanin, éste anunció un “cambio de método” en la lucha contra la violencia contra las mujeres ante los persistentes “defectos” del sistema judicial en este ámbito.
Para ello, anunció en particular la creación de una oficina nacional para teléfonos gravemente peligrosos “en las próximas semanas”, la normalización de cursos de rendición de cuentas para los autores de violencia sexual y de género e incluso la experimentación de audiencias conjuntas (civiles y penales).
Según las asociaciones feministas, en Francia se cometieron 167 feminicidios en 2025. Los datos oficiales hablan de 107 feminicidios conyugales en 2024, una cifra que aumenta en un año.