Una luz tenue inunda la sala del Tribunal de lo Penal de Martinica este viernes por la mañana, cuando Me Mustapha Khiter, abogado de las partes civiles, comienza en silencio su alegato. Voluntario, un minuto y cuarenta minutos.
“Me detendré aquí, señor presidente. Esperaba llegar hasta tres minutos, pero un minuto cuarenta es al menos el tiempo durante el cual Sylvain Kereneur puso su mano sobre la boca y la nariz de Karina. Fue al menos el tiempo durante el cual la abrazó con tanta fuerza que la asfixió hasta la muerte. »