Hace unos meses hubo un momento en el que la carrera de Marco Cecchinato realmente parecía estar llegando a su fin. El tenista italiano lo tenía claro: sin volver al top 200 del ranking ATP al final de la temporada, habría dicho basta del tenis profesional. Un duro ultimátum, quizá necesario para recuperar la motivación tras un periodo largo y complicado. Hoy, esta promesa ha adquirido un significado completamente nuevo. Porque Cecchinato lo hizo.
La final en Kigali
Con la victoria por 6-3 y 6-4 ante el francés Arthur Gea, número 161 del mundo, el italiano llegó a la final del Challenger 2 en Kigali, Ruanda, logrando matemáticamente su objetivo: volver al top 200 del ranking mundial.
Gracias a los resultados de los últimos meses -en los que también alcanzó la semifinal del Concepción Challenger en Chile y la carrera hacia el acto final en Ruanda- Cecchinato escaló 27 posiciones, regresando al número 198 de la ATP. Un logro que vale mucho más que un simple número.
Para perseguir este objetivo, Marco tomó una decisión clara: volver a los partidos disputados en el circuito menor, incluso lejos de los focos y de las grandes ciudades. Primero Chile, luego Ruanda. Dos semanas en Kigali, dos torneos consecutivos, mucha arcilla roja y ganas de relanzar una carrera que se ha complicado en los últimos años.
El regreso a Roland Garros
Sin embargo, su nombre sigue ligado a una de las hazañas más emblemáticas del tenis italiano reciente. En 2018 llegó a las semifinales de Roland Garros, torneo que lo consagró frente al gran público internacional. En esta edición, hizo historia al vencer al número uno del mundo Novak Djokovic en cuatro sets en cuartos de final, antes de detenerse a pocos pasos de la final. Esta carrera lo llevó al ranking más alto del número 16 del mundo, el punto culminante de su carrera. Luego vienen los años más complicados: resultados fluctuantes y clasificaciones en descenso.
Pero ahora el escenario ha cambiado. El regreso al top 200 no es sólo una cuestión simbólica: reabre las puertas a torneos importantes y especialmente a las clasificaciones de Grand Slam, como Roland Garros, que para Cecchinato no es un torneo cualquiera, sino el teatro de su obra maestra deportiva. La remontada, incluso tras la clasificación, es la señal definitiva de un renacimiento.
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