La tragedia de Trieste, donde ayer una responsable de los servicios sociales masacró a su hijo de 9 años, deja un regusto muy amargo por mil motivos. En última instancia, esto es una prueba de que algo anda mal en el cuidado de personas problemáticas y frágiles. Y eso revela una incómoda pero desbordante caja de emergencias de Pandora.
“Tenemos un problema sistémico – explica Silvio Premoli, profesor de pedagogía general y social en la Universidad Católica de Milán y ex Garante de los Derechos de los Niños y de los Adolescentes del Ayuntamiento de Milán – Puede suceder que un operador subestime o malinterprete un caso, pero no podemos negar que el problema es general”. El pecado original de la crisis de los servicios sociales se remonta a 2008, cuando, en efecto, “el fondo social nacional se redujo drásticamente”. El ministro Giulio Tremonti tuvo entonces la urgente necesidad de reducir el despilfarro en el sector, pero el precio fue alto: fondos insuficientes en comparación con el aumento de los casos y fragilidades sociales cada vez más evidentes.
Hay muy pocos educadores que trabajen para organizaciones públicas y privadas. Pero la verdad es que ni siquiera sabemos con certeza cuántos son: en vista de la creación de la Orden de Profesiones Educativas deseada por el gobierno, se ha estimado entre 90 y 100 mil educadores. Más de 300.000 personas solicitaron su inscripción en el Registro de educadores sociopedagógicos. Para ellos, la Orden significará tener una voz (por ejemplo en la gestión de los fondos de protección social) que hoy no tienen. En absoluto. De hecho, entre las profesiones que requieren un título, los trabajadores sociales y los educadores son los más mortificados.
Resultado: “Los puestos de trabajo descubiertos en los servicios socioeducativos aumentan drásticamente, al igual que los servicios que cierran por falta de personal – subraya Premoli – Los salarios son bajos y, a menudo, las condiciones de trabajo son realmente difíciles”. Cuando se introdujeron las nuevas regulaciones en 2027, las normas transitorias estuvieron en vigor durante tres años, lo que permitió a las personas sin cualificación remediar su situación. Al finalizar este trienio, toda persona que no esté en posesión del título de tres años en Ciencias de la Educación no podrá ser incluida en la plantilla de los servicios socioeducativos, sociosociales y sociosanitarios como educador sociopedagógico. “Por ejemplo, esta disposición impide (correctamente) a los licenciados en psicología ejercer (como sucedió en el pasado) el papel de educador sociopedagógico en la primera fase de su carrera, para el cual en realidad no están capacitados. Por lo tanto, ha desaparecido la posibilidad de que las organizaciones gestoras (cooperativas sociales, asociaciones, fundaciones, empresas especializadas, autoridades locales) contraten como educadores a personas sin una formación básica adecuada”. Otra causa de la falta de personal en los servicios sociales es “la fuerte migración de los educadores hacia el mundo escolar, que, particularmente en las instituciones públicas, garantiza condiciones contractuales y salariales significativamente mejores y más estables”.
En resumen, detrás de un solo asunto, hay (también) una responsabilidad
social: hecho de errores de programación y un aumento de emergencias psicológicas y sociales. Pero de una forma u otra, es urgente abordar esto sin depender únicamente del “buen corazón” y la motivación de cada educador.