De todas las reuniones de la semana de Donald Trump, la del viernes 9 de enero por la tarde no estuvo lejos de ser la más importante. Seis días después del secuestro del líder venezolano Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses en el corazón de Caracas, el presidente recibió en la Casa Blanca a representantes de las principales compañías petroleras, con las que cuenta para explotar los recursos de hidrocarburos de Venezuela. Pero el encuentro no satisfizo todos sus deseos.
Las autoridades estadounidenses tienen la intención de controlar completamente la producción del país. El régimen chavista de Caracas, bajo amenaza de nuevas intervenciones, ya acordó transferir 50 millones de barriles a Estados Unidos, como señal de cooperación. Para reiniciar las perforaciones sobre el terreno, Washington necesita el compromiso de los principales actores del sector.
Al presentar la mesa redonda, Donald Trump declaró ante las cámaras, señalando a los directores ejecutivos: “El plan es que gasten al menos 100 mil millones de dólares (86 mil millones de euros) reconstruir la infraestructura necesaria” a la explotación de pozos. Según el presidente, las empresas financiarán íntegramente estas inversiones, a cambio de una garantía de protección y seguridad por parte del gobierno americano, que actuará como intermediario. Como advertencia, les dijo: “Si no quieres ir, dímelo, porque hay veinticinco personas dispuestas a ocupar tu lugar”.
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