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En el cuaderno de los investigadores hay un nombre encerrado en un círculo rojo. Ninguna certeza, pero sí una serie de pistas gracias a las cuales se recompuso una primera e importante línea de investigación. Un camino que parte de los edificios bajos de Ponticelli, los mismos donde murió Fabio Ascione, de veinte años, la madrugada del martes, y que conduce directamente al interior del Vesubio. Fue desde allí que el comando actuó en Viale Carlo Miranda, disparando un número indeterminado de tiros. Uno de ellos, sin embargo, tocó el pecho de un niño sin relación con el crimen.

Su único “defecto”, el de haberse cruzado con los asesinos que, entretanto, ya habían atacado al grupo rival que, en ese preciso momento, se había reunido bajo los soportales del parque Topolino. En cuestión de segundos, el verdadero objetivo del ataque se desvaneció en el aire. Ni una vacilación, ni una mirada de lástima hacia este chico que, ante sus ojos, acababa de desplomarse sobre su sangre. Se trata de una carrera contrarreloj en la que los carabinieri de la unidad operativa de Poggioreale participan desde la madrugada del martes.

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Soldados de los Carabinieri, bajo la coordinación de los fiscales adjuntos de la DDA Alfredo Gagliardi y Sergio Raimondi y el diputado Sergio Amato, recomponen un mosaico de contornos oscuros e inciertos. Romper el muro de silencio que rodeó el crimen desde el principio resulta mucho más complicado de lo esperado, sobre todo por la ausencia casi total de cámaras en esta parte de los suburbios del este de Nápoles.



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