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No sólo se confirman las tesis de los asesores del fiscal, que señalaron a Andrea Sempio por el ADN encontrado en las uñas de Chiara Poggi. El informe presentado ayer por la genetista Denise Albani es también una vibrante denuncia contra los métodos utilizados hace 11 años para concluir que estos rastros no podían utilizarse para conducir al asesino, e incluso para “no descartar” que pertenecieran a Alberto Stasi, que también fue condenado por ello. El perito designado por el Tribunal de Apelación de Milán para evaluar los “gafas de uñas” cortadas por Chiara durante la autopsia, Francesco De Stefano, según Albani, evitó sin motivos válidos verificar la cantidad de ADN efectivamente encontrada en las uñas. Es este tratamiento, afirma ahora Albani, el que imposibilita alcanzar la certeza científica: “las estrategias analíticas adoptadas en 2014 (no cuantificación del ADN y utilización de diferentes volúmenes de eluato para las tres tipificaciones Y) han condicionado de hecho las evaluaciones posteriores” haciendo imposible “obtener un resultado ciertamente fiable y consolidado”.

Albani también saca sus conclusiones, relacionando especialmente a Sempio con la huella procedente del dedo meñique derecho de la víctima, por lo que “se produjo la exclusión de todos los sujetos de interés con excepción de Sempio Andrea (y de todos los sujetos masculinos relacionados con él por medios patrilineales), resultado no excluido como contribuyente a la huella en 12 de los 12 lugares tipificados”. Pero llama la atención la cautela con la que Albani evita expresar certezas “graníticas”, sobre todo cuando excluye poder explicar cómo y cuándo llegó el ADN de Sempio a los dedos de Chiara, o incluso si estaba sobre o debajo de sus uñas. El resultado habría sido diferente, dijo, conociendo la cantidad de ADN. Ésta no es la única acusación que Albani lanza contra su ilustre colega De Stefani: afirma que los documentos impresos presentados ante el Tribunal de lo Penal eran inutilizables, “ya ​​que, según él, se caracterizaban por errores tipográficos”. Y ante la nueva investigación, precisa que De Stefano colaboró ​​sólo parcialmente, tras “solicitudes precisas y repetidas”.

El perito designado por la jueza de instrucción Daniela Garlaschelli para aportar finalmente claridad imparcial sobre las investigaciones genéticas se adhiere esencialmente, y a menudo con las mismas palabras, a las conclusiones de los asesores del fiscal y de los defensores de Alberto Stasi, que fueron los primeros en reabrir el caso con sus investigaciones defensivas. La indicación en Sempio (o en otros varones de su familia) del propietario del ADN identificado en el dedo meñique y el pulgar de la víctima es, explica Albani, el cruce estadístico entre el haplotipo Y, es decir masculino, presente en las huellas sobre las uñas con una gran población de referencia.

Hubiera sido mejor, dice, haber tenido una muestra grande de residentes de la zona del crimen, pero en lugar de eso se utilizaron dos bases de datos como referencia, una global y otra de Europa central y occidental: y esto aun así resultó, para el dedo meñique derecho, en una coincidencia con Sempio “476 a 2153 veces” mayor que con cualquier otro hombre de la muestra. No es una certeza, pero sí algo similar.

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