“Pensé que había logrado el trabajo de mis sueños, pero no imaginaba que mi felicidad sería tan corta. El acoso horizontal llevado a cabo por mi colega Riccardo y nuestros otros colegas fue erosionando lentamente mi confianza en mí mismo, mi confianza en mis habilidades y perjudicando mi salud, tanto física como mental. Dejar esta empresa fue la elección más difícil, pero también la que me salvó.” Giacomo L., 40 años, diseñador web, cuenta que le resultó difícil dejar el trabajo que deseaba desde hacía años: después de trabajar durante mucho tiempo en pequeñas empresas, fue contratado por una gran agencia de comunicación de Milán. “Parecía una oportunidad increíble, pero la experiencia se convirtió en una pesadilla. »
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El trabajo “soñado”
“Después de años en una pequeña empresa, por fin había dado el gran salto: una gran agencia, proyectos de gran envergadura, compañeros competentes y un equipo creativo con el que crecer. Estaba entusiasmado, convencido de que mi talento sería reconocido. Sin embargo, desde los primeros días conocí a una persona hostil, Riccardo. Llevaba años en la empresa, respetado y apreciado por los superiores. Al principio, parecía amable, disponible, pero pronto sentí una sutil resistencia hacia mí: me corrigía en público, me hacía mordaz. comentarios, dio miradas que transmitían. desaprobación. No entendía si se trataba sólo de atención crítica o algo más estratégico. Entonces lo entendí: Riccardo vio en mí a una persona capaz de perturbar su dominio interior y había decidido hacerme sentir indeseado, acorralarme”.
El acoso moral y sus efectos psicológicos y emocionales
“El comportamiento de Riccardo se había vuelto sistemático. Cada proyecto era analizado con ojo hipercrítico, cada una de mis ideas era ridiculizada delante del equipo. Con el tiempo, incluso algunos colegas que le eran leales comenzaron a imitar sus actitudes: hacían bromas sobre mis capacidades, me excluían de las reuniones, ignoraban mis propuestas. Me obligaban a hacerlo. acoso moral, claramente, y el efecto en mí fue devastador. Llegué a casa con dolores de cabeza, insomnio y sensación de vacío. Empecé a dudar de mis habilidades, de mi preparación, de mi capacidad para evolucionar en este entorno. Mi autoestima cada día se estaba desmoronando más y más. Sentí que no podía confiar en nadie, porque cada palabra podía volverse en mi contra, como si estuviera atrapado en una red invisible. Pasé semanas intentando resistir, convenciéndome de que tenía que aprender, adaptarme, resistir. Pero todas las mañanas me despertaba con un peso en el pecho, ansiedad generalizada y un miedo constante a equivocarme. El trabajo de mis sueños se había convertido en una jaula y me sentía impotente, atrapado entre las expectativas corporativas y la malicia velada de Riccardo”.
La elección más difícil: “Renuncio”
“Después de meses de tensión creciente, me di cuenta de que seguir trabajando en un entorno tan tóxico sería destructivo. Podría denunciar a Riccardo, pero no estaba preparado para afrontar todo el estrés que habría resultado.. Necesitaba hacer una ruptura limpia y dejar todo atrás. Entonces tomé la decisión de parar. Aunque no fue fácil, tenía miedo de perder mi estabilidad financiera y tener que empezar de cero. Pero me di cuenta de que mi cordura y mi dignidad valían más que cualquier trabajo prestigioso. Después de salir de la agencia, comencé a respirar nuevamente. Dormí mejor, recuperé la concentración, la confianza en mí mismo y la motivación. Decidí crear mi propio negocio como autónomo: elegir a mis clientes, gestionar mi tiempo, trabajar sin sufrir manipulación psicológica. Fue un camino sinuoso, pero lo logré. Cada día siento que he recuperado el control de mi vida y de mi trabajo. El mobbing me puso a prueba, pero también me enseñó a reconocer mis límites y defenderlos. Hoy vivo mejor, más serenamente y sé que ningún trabajo merece sacrificar la salud mental. Mi renacimiento comenzó cuando dije “basta”, y desde ese momento redescubrí el placer de hacer lo que amo sin miedo”.
La psicóloga le da nombre al problema de Giacomo: acoso horizontal
“La historia de Giacomo nos adentra en un sufrimiento a menudo difícil de reconocer, porque no deja signos inmediatamente visibles, sino que profundiza. Su historia muestra cómo el trabajo, de un espacio de crecimiento y reconocimiento, puede transformarse en un lugar de desgaste cotidiano, donde la confianza en uno mismo se corroe lentamente”, explica el Dra. Valentina Bigazzi, psicóloga y psicoterapeuta.
EL acoso moral horizontal es una forma de violencia psicológica llevada a cabo por compañeros del mismo nivel jerárquico. Se manifiesta en devaluaciones públicas, críticas continuas, exclusión de las comunicaciones, deslegitimación profesional y aislamiento progresivo. No se trata de conflictos episódicos, sino de un clima constante que pretende debilitar a la persona, hacerla dudar de su propio valor y, a menudo, empujarla a abandonar el contexto laboral.
Los efectos de este tipo de violencia son profundos. Como muestra la historia de Giacomo, esto afecta primero a la seguridad personal y luego a la identidad. ellos aparecen ansiedad, insomnio, trastornos psicosomáticosmiedo a cometer errores, sentimiento de impotencia. Poco a poco, la persona acaba interiorizando la visión denigrante del otro, perdiendo contacto con su propia experiencia y sus propias necesidades. Los límites personales se debilitan y el entorno laboral se percibe como una amenaza constante.
Giacomo intenta resistircomo muchos lo hacen. Intenta adaptarte, mejorar, durar. Pero el cuerpo y las emociones siguen enviando señales claras: este contexto ya no es sostenible. La decisión de dejar de fumar no es un escape, sino un acto de conciencia y autoprotección. Este es el momento en el que deja de preguntarse qué necesita hacer para ser aceptado y comienza a preguntarse qué necesita para sentirse bien.
Allá Renacimiento proviene precisamente de esta difícil decisión. Dejar la agencia significa afrontar la incertidumbre, pero también recuperar el control de tu vida. Convertirse en autónomo le permite reconstruir límites más saludables y relaciones profesionales basadas en el respeto. El sufrimiento no se borra, sino que se transforma en una experiencia que nos enseña a reconocer los signos de peligro y a proteger nuestro propio equilibrio interno.
La historia de Giacomo muestra que el acoso moral no es una prueba de la debilidad de quien lo sufre, sino una violencia relacional que puede afectar a cualquiera. Y que a veces el renacer comienza precisamente cuando encuentras el coraje de decir “basta” y priorizar tu salud mental y tus valores. »