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El ministro de Economía, Giancarlo Giorgetti, elige el camino de la prudencia y la responsabilidad. Ante los micrófonos del Tg3 Lombardia, indicó con realismo la dirección del debate europeo, recordando que “conocemos muy bien la respuesta de la Comisión Europea sobre el Pacto de Estabilidad: sólo en presencia de una recesión grave” se puede suspender, pero añadió con franqueza que “si la situación continúa así en el frente energético y de los combustibles, temo que llegue la recesión”. Palabras que confirman el enfoque de un Ministro atento a prevenir las crisis en lugar de ahuyentarlas.

Desde hace días, el jefe del Tesoro, junto con la primera ministra Giorgia Meloni, insiste en la necesidad de una suspensión temporal del Pacto si la crisis energética se prolonga. El objetivo es garantizar márgenes de intervención a favor de familias y empresas, sin poner en riesgo la estabilidad de las finanzas públicas. A pesar de la cautela de Bruselas, Giorgetti sigue trabajando en una línea común europea, convencido de que “en determinadas condiciones, la activación debe considerarse una posibilidad realista”. Paralelamente, Hacienda está trabajando en el Documento de Finanzas Públicas para el que será decisiva la actualización del déficit/PIB a 2025, lo que podría suponer la salida del procedimiento sancionador. El ministro ya anticipó una revisión a la baja de las estimaciones del PIB, aunque afirmó que “cree en los milagros”.

En este debate, compartido con todo el gobierno, también hay un debate interno dentro de la mayoría sobre la cuestión del combustible, con los vaivenes entre Matteo Salvini y Adolfo Urso que atestiguan la voluntad del gobierno de mantener una estrecha atención a los precios en el surtidor. Salvini pidió una intervención decisiva, observando que “las empresas suben los precios muy rápidamente cuando hay un problema, pero son mucho más lentas para reducirlos cuando los precios bajan” y dijo que estaba dispuesto a apoyar “también la intervención económica y fiscal sobre los enormes beneficios de los bancos, las compañías petroleras y energéticas”. Una postura que pretende proteger a los consumidores y evitar la especulación en una fase delicada. Urso, por su parte, reivindicó los resultados obtenidos por el Gobierno, explicando que “las petroleras aceptaron nuestra exhortación a reducir los precios de los combustibles inmediatamente y sin demora”, con una caída ya visible en los últimos días y con Italia “demostrando ser más eficaz que otros países europeos”.

A nivel de los consumidores, la alarma sigue siendo alta: según Codacons, el combustible caro cuesta más de 148 millones de euros más por semana para abastecer a los italianos, cifra que se divide en unos 88 millones de euros de ingresos adicionales para las empresas petroleras y toda la cadena de suministro y unos 61 millones de euros más para el Estado a través del IVA y los impuestos especiales. A pesar de los primeros signos de descenso, los precios siguen altos: el diésel cuesta de media 2.166 euros el litro y la gasolina 1.790 euros.

De fondo, sigue la alarma para el sector de la aviación comercial: en una carta enviada a la Comisión Europea, la asociación de aeropuertos europeos (Aci Europe) escribió en blanco y negro que no había más tiempo que perder en el suministro de queroseno.

“Si el tránsito a través del Estrecho de Ormuz no se reanuda de manera estable en las próximas tres semanas, la escasez sistémica de combustible para aviones puede convertirse en una realidad”, decía la alerta. Bruselas convocó una reunión de emergencia de los ministros de transporte el 21 de abril. Sin embargo, no es fácil considerar contramedidas.

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