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Las esperanzas de Greenpeace están al pie de la “serpiente negra”, el gigantesco oleoducto que atraviesa Dakota del Norte, llamado así por las tribus sioux de la región. Un juez estatal estadounidense confirmó en apelación, el viernes 27 de febrero, la decisión de marzo de 2025 que condenó a la famosa ONG ecologista a una indemnización de 345 millones de dólares (292 millones de euros) por difamación, conspiración, invasión de propiedad privada e injerencia ilegal en los asuntos de la empresa Energy Transfer, responsable de la construcción de este gasoducto. Una suma que, según la organización, le obligaría a simplemente cerrar su sucursal americana, creada en 1979.

La decisión del juez Gion, que confirma la dictada por un jurado compuesto por nueve personas, es un duro golpe para Greenpeace y para toda la lucha medioambiental en Estados Unidos, que atraviesa un período de decadencia histórica desde el regreso de Donald Trump al poder. El presidente estadounidense ha diseñado la salida de Estados Unidos de la mayoría de los tratados climáticos globales y está liderando políticas proactivas a favor de la fracturación hidráulica para buscar hidrocarburos bajo tierra, mientras que al mismo tiempo cancela proyectos de energía renovable, particularmente de energía eólica marina.

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