No pasó desapercibido. Los operadores de drones ucranianos destruyeron un sistema de misiles tierra-aire Buk-M3, un pilar de la defensa aérea rusa, en un ataque de precisión en la región ucraniana temporalmente ocupada de Luhansk.
El ataque se llevó a cabo en coordinación con un entrenamiento especializado de ataque profundo, lo que una vez más puso de relieve la capacidad del ejército ucraniano para identificar y eliminar objetivos muy por detrás de la línea del frente.
Las imágenes de la operación fueron publicadas el 31 de marzo por las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania. En estos podemos ver que el sistema de defensa aérea había quedado escondido entre los árboles, en medio del bosque, para no ser detectado.
Fuerzas de sistemas no tripulados atacan el sistema SAM “Buk-M3” en la región de Lugansk
Los operadores de @1usc_army impactó un sistema SAM “Buk-M3”, uno de los elementos clave de la defensa aérea multicapa del ejército ruso.
El enemigo esconde su equipo entre las líneas de árboles, pero no hay forma de esconderse. A nosotros… pic.twitter.com/YZIPb375CW
— 🇺🇦 Fuerzas de sistemas no tripulados (@usf_army) 31 de marzo de 2026
“El enemigo esconde su material en zonas boscosas, pero no permanecerá escondido. Lo hemos localizado y destruido. La operación se llevó a cabo junto con una unidad de ataque profundo”, dijeron las Fuerzas de Sistemas No Tripulados.
Un sistema de defensa crucial para Rusia
En servicio desde 2016, el Buk-M3 es una versión modernizada del sistema Buk soviético original. Está diseñado para brindar protección a las fuerzas terrestres rusas contra una multitud de amenazas aéreas, incluidos aviones, misiles de crucero y otros vectores de ataque. El Buk saltó a la fama tras el derribo del vuelo MH17 de Malaysia Airlines en 2014.
Se trata de un sistema capaz de interceptar objetivos a una distancia de 70 kilómetros y una altitud de 35.000 m, con misiles supersónicos capaces de alcanzar velocidades de 1.550 m por segundo. Su alta movilidad y sus sistemas de radar a bordo lo convierten en un sistema de defensa crucial para proteger a las fuerzas rusas de los ataques aéreos.
Por eso su destrucción tiene graves repercusiones y debilita significativamente la cobertura de defensa aérea de una zona determinada. Por tanto, su destrucción abre la puerta a ataques con drones, aviones o armas de precisión de largo alcance. Su precio se estima entre 40 y 50 millones de dólares, lo que convierte su pérdida en un suceso de graves consecuencias, tanto operativas como financieras.