Ni siquiera el día de luto. Guerra de guerrillas entre los delincuentes partidarios de la Fiorentina y la banda de matones romaníes, sin respeto, sin sentido de la vida, sino sólo del inframundo. Y luego el vergonzoso minuto de silencio en el Dall’Ara de Bolonia en memoria de Rocco Benito Commisso, los idiotas de siempre escupieron palabras y gruñidos durante los segundos que ahora, en todas partes, son menos de sesenta, los últimos aplausos para cubrir los gritos pero la miseria de un ritual ante el cual la inteligencia se rinde. Debemos saber de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, que eligió, para cada conmemoración, que el minuto fuera acompañado de la conmovedora música de Ennio Morricone, la banda sonora original creada por el maestro italiano para la película Érase una vez en Occidente, escuchando la obra maestra el silencio es profundo. Érase una vez Italia y el campeonato de fútbol no escapó a esta involución ilustrada en la repugnante disputa ideológica entre el partido de los estetas y el de los pragmáticos, recuerdo que en el almanaque se enumeran las victorias y no la forma en que se obtuvieron. Además, el Milán, con su habitual ansiedad alegriana, sigue el ritmo del Inter, el Nápoles, lleno de pacientes, lo intenta, la Roma ocupa con fuerza el cuarto puesto con el auténtico holandés Malen, a diferencia del tulipán de plástico Koopmeiners, que se detiene en la Juventus; El próximo domingo, partido directo entre Spalletti y Conte, se entenderán muchas cosas.
Pero la noticia del día vino de Rabat, final de la Copa de África, Senegal-Marruecos, tiempo añadido largo, minuto 102, penalti favorecido por el VAR al equipo local, Pape Thiaw, el entrenador de Senegal, está furioso e invita al equipo a abandonar el campo, partido suspendido durante 10 minutos, luego la selección regresa al campo, penalti de Brahim Diaz, penalti y parada de Mendy. Todo delante de Su Majestad Infantino. Varias risas.