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En Cortina, al pie de las montañas de Tofane, Diego Menardi y su socio Roberto Chenet practican uno de los oficios más raros que existen: construir bobsleigh a mano. Y hoy, a medida que se acercan los Juegos Olímpicos de Milán Cortina 2026, el taller “El Fòuro”, el único activo en Italia, trabaja a pleno rendimiento, entre proyectos en curso y nuevos bobsleigh de dos y cuatro plazas, con un sistema de dirección completamente rediseñado y materiales aún más ligeros.

“Las vías son escasas, el equipamiento es caro, las profesiones técnicas están desapareciendo”, explica Diego. “Y encontrar jóvenes que quieran aprender es casi imposible. Intentamos involucrarlos en el taller, pero se aburren rápidamente”.

La historia del artesano comienza cuando aún era un niño. “A los dieciséis años ya estaba en el taller”, dice, explicando que al cabo de unos años se fue a Canadá, donde trabajó para la selección nacional de bobsleigh de 1985 a 1994, hasta los Juegos Olímpicos de Lillehammer. Luego el Principado de Mónaco, otros equipos, otros viajes: “En invierno seguía las competiciones, en verano construía. Vivía entre los talleres y las pistas”. A mediados de los 90 se tomó la decisión de parar e ingresar a la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton, para encargarse de materiales y reglamentos hasta los Juegos Olímpicos de 2010 en Vancouver.

El taller El Fòuro de Cortina fue fundado en 2003 y en los últimos años ha creado trineos para el equipo italiano de parabob y para atletas franceses, experimentando con nuevos sistemas de dirección y estructuras más ligeras. En 2016, firma de un nuevo proyecto: un bob de siete plazas creado específicamente para Nissan. Luego le llegó el turno a Top Gear, con la revisión de un pequeño vehículo eléctrico de los años 80 llamado C5. Un prototipo pensado más para la comunicación y el entretenimiento que para la competición, pero que exigía el mismo rigor.

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