Los redactores del FIEG subrayan que estamos en presencia de un contrato de trabajo nacional anclado en modelos económicos que ya no existen y que garantiza privilegios que ya no son sostenibles, como por ejemplo el pago de antiguas vacaciones abolidas hace 50 años o los mecanismos automáticos de remuneración porcentual que, por otra parte, han protegido en gran medida a los periodistas de los efectos de la inflación. Esta es la razón por la que el sindicato no quiso abordar ni la cuestión de la modernización global del contrato (que de hecho sería esencial como herramienta de competitividad) ni la de la introducción de normas más flexibles para fomentar la contratación de jóvenes, prefiriendo limitarse a exigencias exclusivamente económicas. Y también en materia de asalariados, la FIEG ha expresado constantemente su deseo, incluso en los órganos institucionales competentes, de mejorar las normas y las retribuciones vigentes.
Recordamos que precisamente para proteger el empleo y evitar despidos recurrimos a las jubilaciones anticipadas y esto siempre ocurrió con el acuerdo del sindicato que firmó todos los estados de crisis.
A pesar de la falta de voluntad del sindicato para innovar de algún modo en las normas contractuales, los editores han formulado repetidamente – con el contrato inalterado y no “desmantelado” – una oferta económica superior a la de la última renovación y adaptada a las condiciones del sector y reafirman que seguirán poniendo de su parte, invirtiendo en productos y reforzando la profesionalidad.
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