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Jeannette zu Fürstenberg saluda en francés y habla informalmente desde el principio, como para romper el aura muy aristocrática que la rodea. “Mi abuela era francesa”preciso. En la pantalla de la videoconferencia, detrás de su rostro enmarcado por un cuadrado rubio, se puede ver un techo altísimo y finamente decorado. Jeannette zu Fürstenberg, de 43 años, es una auténtica princesa alemana. La casa Fürstenberg, a la que entró en 2010 gracias a su matrimonio con el príncipe Cristián, es una de las familias nobles alemanas más antiguas, propietaria de inmensos bosques en el sur de Alemania. La pareja tiene cuatro hijos y vive entre sus dos residencias en Baden-Württemberg: el castillo de Donaueschingen, en el nacimiento del Danubio, y el castillo de Heiligenberg, con vistas al lago de Constanza.

Un pedigrí sorprendente para un capitalista de riesgo que en pocos años se ha convertido en una personalidad clave en el panorama tecnológico alemán y europeo. En 2025, apareció junto al presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Friedrich Merz, y una treintena de grandes líderes en la Cumbre sobre la Soberanía Digital Europea, celebrada en Berlín el 18 de noviembre, uno de los encuentros más importantes para la reactivación de las relaciones franco-alemanas que comenzó en mayo.

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