Es “una lucha” que su familia lleva librando desde hace dos años y medio en Clayes-sous-Bois. En la Ciudad Jardín, donde vive con su marido y sus tres hijos, de entre 8 y 16 años, Ghizlene ya no puede tolerar “la considerable molestia” que genera el contenedor de basura situado a dos metros de la casa familiar.
“A veces encontramos basura, trozos de vidrio e incluso jeringas abandonadas en el suelo. Cuando pasan los recolectores de basura o cuando hace viento, a veces encontramos basura esparcida hasta la entrada de nuestra casa, la madre se desespera. Nos da vergüenza recibir gente en condiciones tan sucias, es insoportable. »