Jürgen Habermas ha fallecido a la edad de 96 años en Starnberg, en el sur de Alemania, según anunció su editorial, Suhrkamp Verlag, el sábado 14 de marzo en la Agence France-Presse. Nacido en Düsseldorf en 1929, el filósofo alemán creció en Gummersbach, cerca de Colonia. Residente en Starnberg (Baviera), estuvo casado con Ute Wesselhoeft (1930-2025), profesora de historia con quien tuvo tres hijos, Tillmann, Rebekka (1959-2023) y Judith. Con la muerte de Jürgen Habermas, desaparece uno de los pocos contemporáneos que, sin dudar ni abusar del término, podría ser definido como filósofo. Cultivó un concepto que llamó “falibilista” de su disciplina, en una época que consideraba como “post-metafísica” donde la filosofía tuvo que tender hacia una verdad no sistemática, aceptar sus errores y someterse a una revisión constante.
Su nombre y su inmensa obra quedarán marcados por conceptos clave cuyos ecos percibió el gran público a pesar de la complejidad de su pensamiento. Entre las nociones típicamente habermasianas más famosas encontramos la“ética discursiva”es decir, el desarrollo conjunto de estándares políticos y sociales en el espacio democrático, la“espacio público” – también el título del trabajo extraído de su tesis de habilitación publicada en 1962 (Payot, 1988) − o incluso el“acción comunicativa”epónimo de una de sus obras más importantes y difíciles, Teoría de la acción comunicativa. (1981, traducido por Fayard en 1987). Con este tratado se despide del marxismo cultivado por la teoría crítica de la sociedad practicada por sus primeros maestros de la Escuela de Frankfurt (nombre dado a un grupo de intelectuales alemanes), y propone una actualización basada en “comunicación” (intercambios no jerárquicos entre ciudadanos, condición de la democracia). Se tuvo en cuenta el punto de inflexión lingüístico ocurrido en la filosofía en la década 1960-1970, es decir la nueva atención a “actos de habla”según él esencial para comprender la libertad.
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