vurante unos meses, cuando Kirsty Coventry acababa de asumir la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI), algunos medios y funcionarios informaron de una transformación milagrosa. Coventry rezuma un tono mucho más relajado que el de su predecesor Thomas Bach, que dirigió el COI al estilo de un general prusiano. ¿Se equivocaron quienes describieron a Coventry como una marioneta a cuya sombra Bach podría seguir gobernando discretamente en el futuro?