Nairobi – Ninguna delegación de la UE ha entrado en Goma, en la frontera oriental de la República Democrática del Congo, desde el inicio del avance del M23 en enero de 2025: la ofensiva de las milicias pro ruandesas en conflicto con el ejército regular de Kinshasa. Tras una visita a algunas instalaciones de la ciudad, la comisaria Hadja Lahbib lo resumió todo con un adjetivo. La más inmediata: la situación es “catastrófica”, declaró el comisario, destacando “las violaciones crecientes y flagrantes del derecho internacional humanitario”.
Lahbib, que viaja entre Ruanda, la República Democrática del Congo y Burundi, anunció la movilización de más de 81 millones de euros “en la región de los Grandes Lagos” y afirmó que estaba presionando para la apertura de “canales humanitarios” para la entrega de ayuda a la región. El compromiso “debe ser plenamente respetado”, declaró Lahbib, aunque las condiciones de la crisis se oponen y algunos apuntan a un original cortocircuito: los acuerdos mineros firmados por Bruselas con Ruanda, una de las dos facciones de facto en el conflicto, en el punto de mira de los observadores internacionales por su apoyo a las milicias del M23 y al tráfico ilícito de minerales extraídos en las fronteras orientales de la República Democrática del Congo. La propia República Democrática del Congo acusó a Bruselas de “utilizar un doble rasero” entre las críticas dirigidas a Kigali y el mantenimiento de los acuerdos comerciales.
Desde entonces, algo ha cambiado. La Alta Comisionada de Política Exterior de la Unión Europea, Kaja Kallas, anunció el inicio de una “revisión” de los acuerdos y la propia UE sancionó a determinadas figuras vinculadas al M23. No mucho por el momento, según las críticas de quienes acusan a Bruselas de tener una actitud demasiado “pasiva” en relación con la magnitud de la crisis y el poder de negociación implícito en los acuerdos.
El conflicto en la República Democrática del Congo y el papel de la UE
El conflicto en Kivu, provincia situada en la frontera oriental de la República Democrática del Congo, enfrenta al ejército regular congoleño y a sus aliados contra los milicianos del M23, acrónimo del Movimiento 23 de Marzo, una facción de rebeldes tutsis que opera en la zona y que estaría financiada por Ruanda (Kigali siempre lo ha negado).
Las hostilidades han explotado de forma intermitente en los últimos años y se aceleraron a principios de 2025 con el avance del M23 a través de las fronteras, la conquista de Goma y los esfuerzos de expansión en el resto de la frontera oriental. La explicación exacta de la crisis varía según las diferentes estimaciones, aunque los propios datos de la UE sitúan al menos a 8,2 millones de personas desplazadas en todo el Congo y a 28 millones de ciudadanos reducidos a condiciones de hambre aguda. En teoría, la RDC y Ruanda habrían concluido en diciembre una tregua negociada por Estados Unidos y Qatar, denominada “Acuerdos de Washington”, sobre una doble vía de acuerdos mineros y una tregua en las hostilidades. Los primeros parecen haberse puesto en marcha, los segundos inmediatamente flaquean y registran varias violaciones después y durante la firma de los propios acuerdos. La temperatura del conflicto podría aumentar aún más después de que un ataque con drones matara al portavoz del M23, Willy Ngoma.