El auge de la inteligencia artificial es visible para todos. Lo que se ve menos, sin embargo, es lo que hace esto posible: la explosión en la demanda de los componentes de hardware necesarios para hacer funcionar centros de datos gigantes. Las fichas son el símbolo de esta carrera, pero no son los únicos protagonistas. También hay todo lo necesario para almacenar y distribuir datos. En otras palabras: recuerdos.
Los mismos que se encuentran en nuestros portátiles, nuestros smartphones, nuestras consolas de videojuegos e incluso nuestros relojes conectados. Y si los fabricantes de RAM, concentrados principalmente entre Taiwán y Corea del Sur, están haciendo sonar la alarma, la razón es simple: la producción ya no es capaz de satisfacer la demanda impulsada casi en su totalidad por los centros de datos de IA. Lo que hasta hace poco era un componente barato y abundante se ha transformado en un recurso estratégico, con aumentos de precios nunca antes vistos en el mercado de consumo. Detrás de estas cifras se esconde una elección precisa de los tres grandes gigantes mundiales de la memoria – Samsung, SK Hynix y Micron – que han reconvertido alrededor del 20% de su capacidad de producción de RAM “tradicional” a HBM (High Bandwidth Memory), chips mucho más caros y rentables, que se han vuelto esenciales para los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial.
Una tecnología que cambia las reglas del juego
Los HBM no son sólo RAM más rápida. Simplemente cambian la forma en que se construye la memoria: en lugar de estar dispuestos uno al lado del otro, los chips se apilan verticalmente, como un rascacielos. El resultado es una velocidad de intercambio de datos mucho mayor. Una única GPU AI, equipada con la última generación de memorias HBM, puede utilizar hasta un terabyte de memoria. Multiplique ese número por las miles de tarjetas en cada centro de datos y el panorama se vuelve claro: la demanda simplemente está fuera de escala en comparación con el mercado de consumo.
Según datos de TeamGroup, los chips DRAM DDR5, el estándar en las computadoras modernas, aumentaron de 6,84 dólares a 27,20 dólares entre septiembre y diciembre. Un aumento de alrededor del 300% en sólo tres meses. Y las perspectivas no son tranquilizadoras: para 2026, se estiman aumentos de hasta el 50% trimestral durante el primer semestre del año. Las consecuencias están empezando a sentirse en los principales fabricantes (Dell, Asus, Lenovo), que ya han anunciado aumentos de precios para los portátiles que llegarán entre diciembre y enero. En el mercado chino, Honor instó a los usuarios a comprar una nueva tablet lo antes posible para evitar futuras subidas de precio y Xiaomi también tuvo que actuar anunciando una subida de precio para todas sus tablets en el mercado chino. Las estimaciones hablan de aumentos de precios de entre el 10 y el 20% para los portátiles y entre el 20 y el 30% para los smartphones.
En telefonía, los analistas hablan de un impacto aún más marcado. Según un análisis de Counterpoint Research, los costes de producción de los teléfonos inteligentes económicos ya han aumentado un 25%, los modelos de gama media un 15% y los dispositivos premium un 10%. Pero no es sólo una cuestión de costes: lo que se ha desplomado es la disponibilidad.