“Terminator no se proyectará el 14 de julio”, prometió en 2019 Florence Parly, entonces ministra de las Fuerzas Armadas. Seis años después, no estamos muy lejos. El ejército francés quiere estar a la vanguardia de la robótica terrestre y apuesta por la inteligencia artificial para disponer de una unidad robótica de combate autónoma en dos años.
El ejército francés intentó utilizar estos robots teledirigidos durante el ejercicio de la OTAN Dacian Fall, que acaba de concluir en Rumanía. Pero estos son sólo los comienzos antes de la llegada de robots totalmente autónomos impulsados por inteligencia artificial.
“Una revolución cultural y táctica”
“La robótica terrestre, hace cinco años habríamos dicho que llegaría en 2030-2035. Obviamente esta fecha se está acercando, porque la tecnología está evolucionando más rápido de lo que pensábamos”, afirmó el general Pierre Schill, jefe del Estado Mayor del ejército.
Con el proyecto Pendragon lanzado en marzo y dotado de 35 millones de euros para 2026, el Ejército pretende, según él, “anticipar y explotar lo que será una revolución cultural y táctica”. “En el verano de 2026 queremos tener una primera unidad operativa robótica”, espera, que estará compuesta por una veintena de robots, algunos de los cuales serán drones aéreos.
Es en Bruz, cerca de Rennes, donde la Agencia Ministerial de Inteligencia Artificial en Defensa (Amiad) está trabajando para darle vida. “El desafío es poder coordinar un conjunto heterogéneo de drones y robots para realizar misiones”, explica su director técnico, Alain Droniou, que cuenta con una “primera demostración” el próximo verano y una “primera de serie” el año siguiente.
Necesitamos desarrollar algoritmos de inteligencia artificial que proporcionen a estos robots un “cerebro colectivo”. Un ser humano asigna una misión a la unidad robótica y “la inteligencia artificial entra en juego para descomponer esta misión en subtareas automatizadas” asignadas a los diferentes robots: “la unidad tiene derecho a organizar todo por sí misma para completar su misión”, explica un ingeniero de Amiad.
¿Tendrán los robots derecho a matar?
Si un robot se pierde durante la misión, “queremos que los drones que componen la flota puedan reorganizarse de forma autónoma”, añade, junto a un aviario donde un robot de cuatro ruedas es sobrevolado por un pequeño drone.
Amiad es consciente de que actúa con cautela porque “no sabemos exactamente cuál será la configuración de la URC (la unidad robótica de combate, ndr.) y cuáles serán exactamente las misiones tácticas que se llevarán a cabo”, confiesa Alain Droniou. El objetivo final es poder completar las misiones asignadas a una sección de infantería de 40 hombres.
En Pendragon, los drones aéreos con sus cámaras actuarán como exploradores de robots con ruedas para mostrarles posibles rutas. Una vez operativa, “como cualquier sistema de armas, la destrucción formará parte de las misiones de la unidad robótica”, según Alain Droniou.
Pero antes de atacar a los soldados enemigos, “podemos pensar en destruir los equipos y posiblemente, en futuros combates, las unidades robóticas desarrolladas por nuestros adversarios”, concluye.