Por Tony Bernard, Fabrice Bonnifet, Eric Duverger, Amandine Hersant, Christophe Sempels y Sandra Wielfaert
Nuestro modelo económico está perdiendo impulso. Ya se han cruzado seis de los nueve límites planetarios. El cambio climático está en marcha y seguirá teniendo un impacto duradero en nuestros territorios durante las próximas décadas. Nuestras sociedades están cada vez más fragmentadas y marcadas por la desconfianza y la inestabilidad política.
Frente a estos shocks sistémicos, la economía debe dejar de ser un factor agravante y convertirse en un motor de resiliencia. Las transiciones que cuentan con poco apoyo o demasiado desconectadas de las realidades sociales han mostrado sus límites, como lo pusieron de relieve la crisis de los chalecos amarillos en 2018 o la crisis de los agricultores en 2024. Reconstruir la economía del mañana requiere un cambio de paradigma que nos permita diseñar una transición justa, sostenible y deseable, impulsada por la movilización de historias y dinámicas locales, sin atribuir el costo solo a los más modestos.
La economía regenerativa representa una vía prometedora para este cambio de paradigma. Establecido junto con los trastornos sociales de los años 1960 y 1970 por investigadores como Donella y Dennis Meadows, se basa en modelos de pronóstico que tienen en cuenta los límites del crecimiento económico en un mundo con recursos limitados. Estos modelos, incluso los más optimistas, muestran que el crecimiento perpetuo es imposible sin conducir al colapso del sistema antes de 2100.
La economía regenerativa integra la economía de mercado en un sistema que tiene en cuenta las limitaciones de la vida en su conjunto. Por tanto, ya no se trata de limitar los impactos negativos de las actividades humanas, ni simplemente de añadir una línea extra a la información, sino de crear dinámicas positivas que regeneren los ecosistemas naturales y sociales y contribuyan al desarrollo de todo su potencial. Este paradigma nos invita a explorar caminos más disruptivos que la simple reducción, incluso radical, de nuestro impacto ambiental; se basa en la integración de principios de vida, la cooperación entre actores y la redefinición de objetivos económicos. Pero aún necesitamos ser capaces de evaluar estas transformaciones.
Porque sin una forma rigurosa de medir la regeneración, la ambición se diluye y aumenta el riesgo de impacto negativo. Por eso la generalización de la medición del impacto regenerativo representa un desafío estratégico para el mundo económico. Necesitamos pasar página de los indicadores estandarizados para marcar y empezar a evaluar si una empresa realmente está contribuyendo a revitalizar su ecosistema social y ambiental. Reducir sus impactos negativos a umbrales irreducibles, generar valor neto positivo para las partes interesadas y contribuir al cambio sistémico: estas son las tres dimensiones a las que debe aspirar la empresa regenerativa. Este enfoque implica una gestión basada en parámetros alineados con CSRD y los límites planetarios.
Algunas organizaciones pioneras ya están experimentando con estos modelos. Implementan triples herramientas contables, que evalúan no sólo su rentabilidad económica, sino también su impacto social y ambiental; promueven bienes comunes, co-construyen sus indicadores con los actores de su ecosistema. En Lyon, Norsys se inscribe en un enfoque “permabusiness” que integra la sostenibilidad en todos los niveles: gobernanza, digital, redistribución del valor y arraigo territorial. Por su parte, Oé estructura toda su cadena de valor en torno a la agricultura regenerativa, apoyando financieramente a sus productores y desarrollando asociaciones sostenibles basadas en la transparencia y la remuneración justa.
Para permitir su difusión, ahora debemos hacer que estos enfoques sean más accesibles, reproducibles y creíbles.
Pero las empresas no pueden emprender solas una transformación tan desafiante. La acción pública tiene un papel crucial que desempeñar, tanto a nivel local como nacional; por ello es necesario sensibilizarlos y capacitarlos en los temas de la economía regenerativa, a partir de los cursos de formación de las escuelas de servicio público. El Estado debe marcar el rumbo: aclarar qué es una trayectoria regenerativa, crear incentivos diferenciados en función del nivel de ambición de las empresas, apoyar modelos económicos que ayuden a preservar los recursos naturales y proteger a las poblaciones.
Por último, dado que la regeneración se experimenta principalmente en los territorios, los actores públicos locales deben poder contar con una sólida colaboración con las empresas y la sociedad civil. La economía regenerativa no parte de arriba, no se decreta desde arriba: son las dinámicas locales, ancladas y concretas las que harán creíble y deseable este cambio de dirección y constituirán las verdaderas palancas de transformación. Para que la regeneración se convierta en el horizonte compartido de nuestra economía, debemos aprender a medirla, gestionarla y construirla juntos.
Tony Bernard es director ejecutivo de Impact Tank, un grupo de pensamiento y acción dedicado a cuestiones de medición de impacto creado por iniciativa del Grupo SOS y cuatro universidades importantes. También es profesor asociado de ciencias políticas en la Universidad de Lyon 3. Fabrice Bonnifet es presidente de GenAct, una asociación que apoya a los ciudadanos en la implementación de modelos económicos con un objetivo regenerativo. También es presidente del Colegio de Directores de Desarrollo Sostenible (C3D). Eric Duverger es el fundador de la CEC (Convención Empresarial por el Clima), cuya misión es hacer irresistible la transición hacia la economía regenerativa organizando cursos de transformación para directivos. También es miembro de Ashoka y administrador de la asociación GenAct, que guía a los empleados corporativos en sus esfuerzos hacia la regeneración. Amandine Hersant es presidenta de la asociación Planète Urgence, que trabaja para proteger los bosques y apoyar el desarrollo comunitario local. Enseña en AgroParisTech y es cofundadora de Climate House, un espacio de innovación para la transición ecológica en el corazón de París. Christophe Sempels es el fundador y presidente de Lumia, un centro de investigación, formación y apoyo a la economía regenerativa que ofrece recursos para las empresas, la gestión general y la RSE. Es miembro de Regen Ecosystem y GenAct, dos asociaciones que promueven enfoques regenerativos. Sandra Wielfaert es la fundadora de Fashion That Cares, una consultoría que apoya a los actores de la moda en la transformación de sus negocios hacia prácticas más sostenibles. Apoya a empresas del sector en RSC, compras responsables y cuestiones climáticas, y ha codesarrollado un curso de apoyo con objetivo regenerativo, centrado en el cuidado de los seres vivos.
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