La “escena del crimen” de Tukur en el subconscienteMurot interpreta a los psiconautas
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Una vez al año, Ulrich Tukur sale del estrecho corsé de la “escena del crimen” con sus casos experimentales y suele separar opiniones. Es probable que esto también suceda esta vez: lea aquí de qué lado está nuestro crítico.
¿Lo que sucede?
El inspector Murot (Ulrich Tukur) siempre ha tenido predilección por la experimentación y el subconsciente. Parece lógico que él también elija su forma de terapia en consecuencia: con la ayuda de una máquina recientemente desarrollada, puede dar un paseo por su psique como si fuera un paisaje, incluso si ni él ni su terapeuta, el Dr. Schneider (Robert Gwisdek), entienden realmente lo que están viendo.
Mientras tanto, Eva Hütter (Nadine Dubois) se sienta en el tribunal de familia con su hijo Benjamin (Lio Vonnemann), de cinco años. Cuando resulta evidente que corre peligro de perder la batalla por la custodia con su exmarido, saca un lápiz afilado y secuestra a su hijo en una remota cabaña en el bosque en medio del Taunus. Mientras Benjamín espera en la cabaña los sándwiches de turrón que le prometió su madre, un policía del pueblo los localiza. Durante la persecución, Eva pierde el control de su coche, acaba en una zanja y entra en coma.
Como la búsqueda del niño no tiene éxito y el tiempo apremia, Murot y su colega Waechter (Barbara Philipp) deciden tomar una medida desesperada: convencen al doctor Schneider, Murot y el secuestrador en coma están conectados a su máquina al mismo tiempo para que el investigador en el subconsciente de Hütter pueda descubrir dónde está Benjamin.
¿De qué se trata realmente?
“Murot y el elefante en la habitación” trata sobre toda la vaguedad, ambigüedad y cambios de perspectiva que componen la vida, sobre la imposibilidad de dibujar cosas realistas. O, como dijo Murot: “Nunca hemos resuelto un caso en la llamada realidad”.
¿Momento de escape?
Como ocurre con cada “escena del crimen” de Tukur: si no te gusta lo experimental y esperas un thriller policial clásico, ni siquiera deberías sintonizarnos. O tal vez justo en ese momento, después de todo, la mayoría de las zonas de confort son menos cómodas de lo que sugiere el nombre, y tal expansión de la conciencia nunca ha perjudicado a nadie. ¿O tal vez lo sea?
¿Factor sorpresa?
El escritor y director Dietrich Brüggemann mezcla hábilmente humor, observación cotidiana y filosofía, creando una mezcla muy especial de sutil payasada.
¿Cómo fue?
8,5 puntos sobre 10. “Murot y el elefante en la habitación” vuelve a ser un contrapunto muy logrado al habitual “Tatort”. En el grado B solo hay deducciones mínimas porque a pesar de todos los metaniveles hubiera sido posible un poco más de tensión.