Por Gerard Vespierre
A esto se suman parámetros africanos vinculados a los regímenes vigentes, conflictos territoriales y desafíos de la gestión estatal. Esto último sigue siendo un desafío central para muchos países, en un contexto de fuertes expectativas económicas y sociales de las generaciones más jóvenes. Benin ofrece su respuesta.
Las condiciones políticas y de seguridad y los objetivos estratégicos de los países fuera del continente han agravado las dificultades económicas y demográficas ya presentes.
Implicaciones sociales y de seguridad
Entre 2020 y 2022, de los nueve intentos de derrocamiento, seis resultaron en el derrocamiento del régimen en ejercicio. Por lo tanto, África se enfrenta a un importante debilitamiento democrático. Más recientemente,
Los factores externos, vinculados a las rivalidades geopolíticas, y las estrategias de reestructuración internacional también desempeñan un papel importante. La estrategia rusa contra las posiciones francesas dio los resultados que conocemos. Otras potencias, China, Türkiye e Irán, también están trabajando.
Al mismo tiempo, los conflictos armados siguen siendo persistentes y en general aumentan la inseguridad. Desde el Sahel hasta el Cuerno de África, pasando por África Central, los conflictos prolongados perturban profundamente a las poblaciones afectadas, más de 250 millones de personas.
Las crisis postelectorales, los resultados controvertidos y las transiciones mal gestionadas también alimentan la inestabilidad política. Estas crisis van acompañadas de revueltas sociales urbanas y, por tanto, de una ruptura entre quienes gobiernan y quienes son gobernados.
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Ilustración del boletín Ma Tribune
Ante toda esta agitación, otros países están probando formas diferentes de gobierno.
La creación de especificidades beninesas
Desde la Conferencia Nacional de 1990, Benin ocupa un lugar especial en la historia política africana. Considerado durante mucho tiempo uno de los primeros laboratorios democráticos del continente, el país ha construido un modelo. Se basa en una alternancia política pacífica, un sistema multipartidista institucionalizado y un proceso electoral relativamente estable.
La llegada al poder de Patrice Talon en 2016 abrió una nueva fase marcada por reformas institucionales destinadas a racionalizar el sistema de partidos y fortalecer la eficiencia del Estado. La reforma de la carta de los partidos políticos y del código electoral ha impuesto nuevos requisitos a los grupos políticos en particular, fomentando la estructuración nacional y limitando la proliferación de micropartidos que empujan la vida política hacia la inestabilidad. Por supuesto, en cualquier país democrático, cualquier cambio o reforma está inevitablemente sujeto a críticas.
Consolidación institucional y política
La decisión de Patrice Talon de no presentarse a un tercer mandato constituye una fuerte señal política en una región donde las extensiones de poder son frecuentes. Este respeto por el Estado de dos mandatos contribuye naturalmente a fortalecer la credibilidad institucional del país entre sus socios internacionales y a aumentar su confianza en la práctica del Estado de derecho.
Las reformas relacionadas con los partidos han cambiado la vida política beninesa. Grupos capaces de organizarse a escala nacional han consolidado su presencia institucional. En contraste, algunos partidos de oposición, particularmente los demócratas, están luchando por encontrar una estrategia política estable y adaptarse a este nuevo marco. La reforma fomenta la formación de alianzas. Este partido no logra llegar a tales acuerdos, lo que crea tensiones con otras estructuras políticas como el Mpl o el GSR. Como resultado, los dos partidos que apoyaban al presidente obtuvieron todos los escaños del Parlamento.
A medida que se acercan las elecciones presidenciales de 2026, debemos esperar que Benin continúe por el camino de la estabilidad y el desarrollo. Incluso dentro de la oposición reconocemos las cualidades de sentido de Estado y de gestión del candidato Romuald Wadagni.
Ha optado por orientar su programa principalmente hacia los jóvenes y el desarrollo regional. Concretamente, propone dividir el país en seis polos de desarrollo para adaptar las políticas públicas a las realidades locales. El programa también hace especial hincapié en la reducción de la pobreza y el empoderamiento de los jóvenes mediante el fortalecimiento de la educación y la formación.
Su proyecto se basa concretamente en una situación económica positiva.
Un logro económico
Benin ha registrado un crecimiento constante del PIB, con una clara aceleración desde la segunda mitad de la década de 2010, impulsado por los servicios, el comercio, la infraestructura y el algodón.
En 2024, según el Banco Mundial, el crecimiento alcanzó el 7,5%, uno de los niveles más altos desde 1990. La inflación está bajo control y rondará el 1-2% en 2024, una cifra que sigue siendo muy moderada en el contexto regional. El déficit presupuestario se mantiene en alrededor del 3% del PIB en 2024, en consonancia con los criterios de convergencia regional.
Se ha hecho un esfuerzo particular en inversiones en infraestructuras, carreteras, energía, el puerto de Cotonú e instalaciones turísticas. El país ha intentado, con cierto éxito, liberarse de la dependencia del algodón y de su vecino nigeriano.
Considerando la situación general del continente, este país ha sabido trazar su propio camino, logrando explotar el tamaño de una población que no es demasiado numerosa. Su gobernanza ha sabido amplificar su patrimonio, la riqueza del algodón y su fachada marítima, pero también invertir en la evolución de sus instituciones y de su tejido industrial.
Analista geopolítico, graduada del ISC París, financiera DEA Dauphine PSL, fundadora del medio web www.le-monde-decrypte.com, columnista del IDFM 98.0, locutora habitual en radio y televisión.
Referencia