En Reddit y TikTok, los internautas dicen recordar una cornucopia en el logo de Fruit of the Loom, un elemento que nunca existió, que ilustra el efecto Mandela y que induce a error en la memoria colectiva. Este fenómeno, amplificado por las redes sociales, muestra cómo nuestros recuerdos pueden reconstruirse y compartirse.
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Desde hace varias semanas, en el mes de noviembre, una discusión inesperada ha inflamado a Reddit y TikTok. En el centro del debate: el logo de una marca de ropa interior estadounidense. Fruit of the Loom, fundada en 1851 en Kentucky, es conocida mundialmente por sus camisetas y boxers asequibles. Su escudo resulta familiar a todos: un pequeño montón de frutas compuesto de uvas, manzanas y hojas verdes colocados sobre un fondo blanco. Excepto que, a millones de usuarios de Internet, les falta algo.
Miles de estadounidenses (y algunos franceses) juran que, durante su infancia, estos frutos se guardaban en una cornucopia, una cesta tejida con forma de concha. Lo vieron, lo recuerdan perfectamente, algunos incluso dicen que lo vieron ante sus ojos mientras doblaban la ropa. Información falsa que se consolida con la difusión de una imagen del logo creada mediante inteligencia artificial con… La famosa cornucopia.
Problema: Esta bocina nunca existió en el logo, dice la propia marca. Los internautas siguen convencidos de que la empresa “mentiras para oscurecer la verdad”. En TikTok la teoría de la conspiración adquiere aires de parodia. “¡Se están burlando de nosotros!” exclama una usuaria americana, que jura que su terapeuta y su marido le han pedido que deje de preocuparse por el asunto de la cornucopia.
La cuestión no es del todo nueva. Reaparece regularmente. El debate se reavivó este otoño, avivado por las redes sociales y los algoritmos amantes de los recuerdos engañosos.
Este caso visual de conciencia ilustra un fenómeno más amplio: el efecto Mandela, es decir, compartir una memoria colectiva… lo que nunca ha sucedido. El término proviene de una investigadora estadounidense, Fiona Broome, quien a principios de la década de 2010 estaba convencida de que Nelson Mandela había muerto en prisión en los años 80. Al comentarlo descubrió que miles de personas “recuerdan” el mismo suceso. En realidad, Mandela fue liberado en 1990 y elegido presidente de Sudáfrica cuatro años después.
Desde entonces, el concepto se ha ampliado a decenas de ejemplos culturales: el hombre Monopoly, al que muchos imaginan con un monóculo (nunca tuvo uno), Mickey Mouse, al que todo el mundo dibuja con tirantes en los famosos pantalones cortos de Disney de los años 30 (no lleva ninguno), o incluso la canción somos los campeonescuyas últimas palabras no son “del mundo”.
En octubre, el Revisión de tecnología del MIT Dedicó un largo artículo a este misterio. Los científicos ahora lo están examinando más de cerca. Nuestro cerebro “reconstruye” imágenes y sonidos basándose en patrones lógicos. Rellena los huecos con lo que le parece coherente. Imaginemos un monóculo porque un hombre rico “deber” tener uno. Inventemos una cornucopia porque “va bien” con fruta. Cuanto más lógico parece un recuerdo, más arraigado se vuelve, sobre todo cuando otros lo confirman.
El fenómeno está creciendo en línea. En los foros, imágenes retocadas, videoclips y testimonios contradictorios mantienen la ilusión. Terminamos convenciéndonos de que tenemos razón, porque los demás también “recuerdan”. Este contagio de la memoria se ha convertido en tema de estudio para los psicólogos. Demuestra hasta qué punto la memoria es social, maleable y, a menudo, más colectiva que individual.
El ejemplo más famoso del efecto Mandela sigue siendo el de una película… nunca realizada. Miles de personas, especialmente en Estados Unidos, recuerdan una película de los 90 llamada Shazaamcon el actor Sinbad en el papel de genio. Sin embargo, este largometraje no existe: nunca fue producido, nunca emitido. Pero incluso aquí algunos rechazan la versión racional: para ellos Shazaam realmente existió, en “otra línea de tiempo”.
La historia de Fruit of the Loom dice mucho sobre nuestras prácticas digitales. Vivimos rodeados de imágenes, capturas, recuerdos recompuestos. Al pasarlos, terminamos creyendo que nos pertenecen.