ela presentación en el Elíseo, el lunes 17 de noviembre, de una serie de proyectos de inversión de empresas francesas en Francia difícilmente podrá ocultar la desilusión por la reindustrialización del país y la crisis de numerosos sectores industriales como el automóvil o el acero. Sin estar en este nivel de dificultad, un sector estratégico, muy dependiente de la contratación pública, civil y militar, que, sin embargo, suscita preocupaciones sobre su futuro. Se trata de la industria espacial, un sector que estuvo en el punto de mira el miércoles 12 de noviembre, cuando Emmanuel Macron presentó una nueva estrategia espacial nacional.
Sin embargo, en esta ocasión el Jefe de Estado se preocupó de tranquilizar. Se comprometió a aumentar el presupuesto para actividades de defensa espacial hasta 10.200 millones de euros hasta 2030, frente a los 6.000 millones previstos hasta ahora, y añadió, sin dar detalles, “Más de 16 mil millones de euros para el espacio civil francés, incluidas las actividades duales” (civiles y militares). Suficientes para enviar señales alentadoras a un sector en malas condiciones y en gran medida dejado atrás –como en el resto de Europa– por Estados Unidos y China, tanto en lanzadores como en constelaciones de satélites de órbita baja.
Sin embargo, sin siquiera mencionar la fragilidad de estas promesas frente a la inestabilidad política, la incertidumbre presupuestaria y, en general, el estado de nuestras finanzas públicas, estas cantidades siguen siendo significativamente inferiores a las previstas por Alemania, que, sólo en actividades de defensa espacial, se propone gastar 35 mil millones de euros en el mismo período. Esto es 3,5 veces más que Francia, incluida la posible prórroga.
El plazo principal de Bremen
Esta brecha refleja la alteración del equilibrio que se está produciendo en el espacio europeo. La industria francesa, que representa casi el 40% de los empleos del sector en Europa, corre el riesgo de perder su liderazgo histórico en beneficio de los grupos alemanes, ayudados por el margen presupuestario de Berlín. Porque esta diferencia de recursos observada en el sector militar está a punto de reproducirse en el espacio civil, donde el lugar de los fabricantes franceses en los futuros programas de la Unión Europea (UE), cruciales para sus actividades, podría quedar en entredicho.
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