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Desde su habitación de hotel, en los últimos días, desconocidos le quitaron sus relojes y su dinero por valor de 500 mil euros, pero no le quitaron su magia de los goles. Y para el cabezazo, especialidad de Niclas Fullkrug. Y, de hecho, su primer gol marcado en Italia dio al Milan la victoria, obtenida con dificultad y en la última parte del partido en San Siro, que permitió a los rossoneri mantenerse detrás del Inter, a sólo tres puntos, alejándose de sus perseguidores de la Liga de Campeones, en particular la Juve y el Bolonia. Ante él, el verdadero protagonista es Falcone, portero y capitán del Lecce: permite a su equipo resistir hasta el último cuarto del partido, negando el 2-0 de Nkunku. El 1-0 sigue siendo la marca, aunque es bien merecido, mucho más que el magro resultado.

Lecce también es un hueso duro de roer para el Milán después de hacerle la vida difícil incluso al Inter el miércoles pasado. Los rossoneri empiezan con una actitud diferente a la habitual para intentar encontrar inmediatamente el camino principal, pero el gol de Leao después de 9 minutos (marcado por fuera de juego y anulado) es sólo una ilusión porque luego el partido transcurre a través de las dificultades habituales que se encuentran en presencia de equipos cerrados, en este caso con una barrera defensiva a mitad de camino para apuntar a la trampa del fuera de juego. Así, el único peligro creado en la primera parte (nacido del acuerdo entre Saelemaekers y Pulisic) lo corrigió Falcone con un convincente desvío en el córner. Estupinan tartamudea, Jashari mejora, la personalidad de Rabiot aún brilla: estas energías todavía parecen insuficientes.

En la segunda parte, el Milán aumentó considerablemente el ritmo y se transformó en una especie de asedio al fuerte de Lecesse: fue entonces cuando Falcone se hizo cargo con algunas hazañas al estilo Maignan. Primero sobre Ricci y luego sobre Pulisic, enviado al área por Leao, el portero de Puglia destacó con dos intervenciones dignas de aplausos. De igual valor es el avance en scrum de Fullkrug que acaba de llegar en lugar de Pulisic. Allegri mueve sus turnos al banquillo: dentro del gran alemán y Loftus Cheek.

Y es gracias a un triángulo diseñado por Gabbia para los inspirados Saelemaekers con una cruz calibrada en la cabeza que el panzer firmó así su primer sello italiano al volar San Siro. Para gestionar la final, el uso de Modric más Nkunku es inevitable porque Jashari, apreciado por el diputado Landucci, termina en apuros.

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