Sla acumulación de sargazo (alga parda del sargasáceas) en el mar del mismo nombre son conocidos desde hace siglos, como lo demuestra en particular el cuaderno de bitácora de Cristóbal Colón, su primer episodio de varamiento masivo en las costas de las Antillas francesas se remonta a 2011. Desde entonces, aunque se han observado variaciones interanuales, este fenómeno se ha consolidado hasta alcanzar una escala aún inigualable en 2025. De origen multifactorial y con consecuencias tan variadas como perjudiciales, los varamientos masivos de estos pelágicos algas (Sargazos fluitanos Y Sargazos natanes) en la costa occidental de la India pone a prueba la legislación aplicable.
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Las causas del fenómeno son objeto de numerosos estudios científicos nacionales e internacionales. Muestran el papel acumulativo, por un lado, de los aportes de nutrientes transportados por los grandes ríos ecuatoriales (Amazonas, Orinoco, Congo), o depositados por las nieblas de arena, y, por otro, de los cambios climáticos, que estimulan la proliferación de algas calentando las aguas y modificando las corrientes marinas, que ahora empujan a las algas hacia las costas del oeste de la India. Este origen múltiple, generalizado y transnacional no facilita la reacción de las autoridades públicas, que sin embargo es necesaria dados los numerosos y perjudiciales inconvenientes que conllevan los varamientos.
Si bien las balsas de sargazo que flotan en el mar no presentan ningún peligro e incluso son consideradas un hábitat de gran riqueza ecológica, una vez varadas en la costa donde las algas se descomponen producen desventajas sanitarias, ambientales y económicas. Por tanto, además de los peligros que pueden presentar las balsas de sargazo para el baño y las actividades náuticas y de ocio, la descomposición de las algas libera gases (principalmente sulfuro de hidrógeno (H2S) y amoníaco anhidro (NH3)) extremadamente nauseabundo y susceptible de volverse tóxico o incluso mortal más allá de una determinada concentración y duración de exposición. Las poblaciones expuestas sufren, en particular, irritaciones oculares y respiratorias y trastornos neurológicos (dolores de cabeza, náuseas, etc.).
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