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Casi dos años después del primer vuelo tripulado del Boeing Starliner, cuyo mal funcionamiento obligó a sus dos ocupantes a pasar nueve meses y doce días en la Estación Espacial Internacional (ISS) en lugar de los catorce días previstos, la NASA publicó el jueves 19 de febrero el informe de la investigación independiente realizada por un panel de expertos.

Los resultados son relativamente duros tanto para la agencia espacial estadounidense como para Boeing, que diseñó y ensambló la nave espacial. Los autores del informe, cuyos 26 nombres han sido eliminados, así como una serie de elementos técnicos relacionados con el accidente y la nave espacial, destacan múltiples fallos en el diseño de esta última, pero también graves errores en la forma en que la NASA supervisó el programa.

Desarrollado por Boeing en el marco del Programa de Tripulación Comercial (CCP), que prevé dotar a la NASA de dos nuevos barcos para transportar a los astronautas estadounidenses a la ISS tras la retirada del transbordador espacial, el Starliner CST-100 se ha topado con numerosos problemas. Desde su primer vuelo, en diciembre de 2019, no logró entrar en órbita con éxito tras treinta y un minutos de vuelo, debido a un error de programación en el reloj de a bordo. Al mismo tiempo, diez de los propulsores del barco fallan. La NASA y Boeing finalmente recuperaron el control de la nave y de nueve de los diez propulsores, pero cancelaron el acoplamiento del Starliner a la ISS y lo devolvieron a la Tierra. Un amargo fracaso para Boeing.

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