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Debido a la falta de financiación pública suficiente, el modelo económico de educación superior y de investigación está perdiendo impulso. La situación es tan excepcionalmente grave que ocho ex ministros firmaron un artículo (En Los ecos 9 de diciembre de 2025) con un tono sorprendentemente sindical, asustado de un “perspectiva de veinte años”. A falta de un presupuesto sostenible, el Ministro de Educación Superior hace el sorpresivo anuncio“Fundamentos de la financiación universitaria” a partir de enero.

El terreno ha sido preparado por varios informes de la Asamblea Nacional, el Senado y las inspecciones generales, todos los cuales concluyen en la necesidad de estudiar el aumento de las tasas de matrícula universitaria. Si el Estado ya no quiere que la educación superior pública se financie con impuestos, entonces tendrá que ser financiada por familias y estudiantes. Lógico… sólo en apariencia.

Porque ya se ha dado un giro silencioso pero decisivo. Los últimos proyectos anuales de rendimiento de Francia fijan ahora el objetivo de reducir el porcentaje de nuevos bachilleres que reciben una propuesta en el Parcoursup: el 95% en 2024, el 93,5% en 2025, el 93% en 2026. La reducción prevista para 2025 se ha logrado perfectamente. Este punto de inflexión se ve acelerado por la voluntad política de los sucesivos ministros de educación nacionales de reducir las tasas de aprobación de los títulos universitarios y de bachillerato. Se verá multiplicada por diez por el vertiginoso descenso demográfico, que alcanzará la educación superior en sólo tres años.

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Menos jóvenes, menos éxitos, menos oportunidades de emprender estudios… Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la política educativa nacional ya no pretende ampliar el acceso a la educación superior, sino reducirlo. Francia avanza oficialmente hacia un régimen de desmasificación, de reducción del nivel general de educación y formación profesional de la población. Esta orientación no tiene equivalentes históricos o internacionales.

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