La nueva generación de medicamentos contra la obesidad también podría convertirse en un arma en la prevención del cáncer. Para comprobarlo, un grupo internacional de expertos propone lanzar un gran ensayo clínico a largo plazo que probaría la eficacia de moléculas como la semaglutida y la tirzepatida para reducir el riesgo de cánceres relacionados con el exceso de peso. La propuesta se presentará en el Congreso Europeo sobre la Obesidad (Eco 2026), previsto en Estambul del 12 al 15 de mayo. La idea es seguir durante al menos diez años a unas 5.000 personas con sobrepeso u obesidad y alto riesgo oncológico, para comprender si los fármacos que actualmente están revolucionando el tratamiento de la obesidad pueden prevenir también la aparición de tumores.
El proyecto Padriac, financiado por Investigación del cáncer en el Reino Unidoes liderado por Mateo Harris con un equipo de universidades de manchester y leedscon la colaboración de André Renehan de la División de Ciencias de Oncología de la Universidad de Manchester. El equipo cree que la evidencia que respalda la nueva generación de fármacos contra la obesidad (que incluyen agonistas de Glp-1 y también agonistas duales de Glp-1/Gip) es tan sólida que es necesario un estudio clínico de estos fármacos en la prevención de los cánceres relacionados con la obesidad.
El vínculo entre la obesidad y el cáncer
La obesidad se considera hoy en día uno de los principales desafíos de la salud mundial. Según estimaciones internacionales, más de 650 millones de adultos viven con obesidad y esta cifra podría superar los mil millones en 2030. El exceso de peso no sólo aumenta el riesgo de diabetes o enfermedades cardiovasculares, sino que también se asocia con 13 tipos diferentes de cáncer, entre ellos el cáncer colorrectal, el cáncer de mama posmenopáusico, el cáncer de endometrio, el cáncer de esófago y el cáncer de riñón. Las causas biológicas no se comprenden del todo, pero los investigadores destacan varios mecanismos: inflamación crónica, alteraciones hormonales, resistencia a la insulina y cambios en el sistema inmunológico. Además del aumento de la obesidad, en los últimos años también ha habido un aumento de los cánceres relacionados con el exceso de peso, una tendencia que, según los modelos epidemiológicos, continuará en las próximas décadas.
La revolución de las drogas adelgazantes
En los últimos años, la farmacoterapia de la obesidad ha experimentado un punto de inflexión gracias a los agonistas del receptor Glp-1 y los nuevos fármacos multiincretina. Estas moléculas, inicialmente desarrolladas para la diabetes tipo 2, han demostrado una gran capacidad para inducir la pérdida de peso. Los estudios clínicos más recientes indican que estas terapias pueden conducir a una reducción del peso corporal de entre el 12% y el 18%, resultados muy superiores a las intervenciones basadas únicamente en dieta y ejercicio. Además de la pérdida de peso, los medicamentos también han demostrado efectos beneficiosos sobre varias enfermedades relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y los problemas renales. Precisamente por este motivo, muchos investigadores consideran plausible que también puedan influir en el riesgo de cánceres relacionados con la obesidad.
El estudio propuesto
El ensayo hipotético involucraría a dos grupos de participantes: un grupo que recibiría un fármaco agonista de Glp-1 (o moléculas similares) junto con un programa conductual de pérdida de peso; un grupo de control que solo sigue la intervención conductual basada en la dieta y el estilo de vida. Los participantes serían personas con un índice de masa corporal entre 27 y 35 y con afecciones consideradas precursoras del cáncer, como esófago de Barrett, pólipos de colon, hiperplasia endometrial o esteatohepatitis metabólica con fibrosis. Según los investigadores, centrarse en una población de alto riesgo reduciría el tamaño del estudio. Si estuviera involucrada toda la población obesa, se necesitarían alrededor de 50.000 participantes, lo que encarecería demasiado el ensayo.