(por Michele Esposito y Valentina Brini) En las palabras más utilizadas por los líderes, prevalecieron “sentido común”, “pragmatismo” y “estabilidad” financiera. Prevaleció el deseo de apoyar a Ucrania. Pero lo que no prevaleció, de forma clara y sensacionalista, fue la línea que llevaban días señalando Ursula von der Leyen y Friedrich Merz, la del uso de activos rusos. Al final de una de las cumbres más largas y delicadas de los últimos tiempos, Europa encontró un consenso bajo el signo de la unanimidad y optó por apoyar a Kiev para 2026 y 2027 con un préstamo de 90 mil millones, a través de una deuda común. “Ha prevalecido el sentido común”, se alegró la primera ministra Giorgia Meloni, que se contuvo hasta el final sobre la hipótesis de utilizar los activos congelados de Moscú.
La cumbre se había preparado de tal manera que, mientras los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 discutían cuestiones actualmente consideradas menos centrales, las negociaciones sobre el uso de activos entre la Comisión Europea y Bélgica continuaban intentando encontrar un punto de fracaso en la gran cuestión de las garantías. Sin embargo, a la hora de la cena, un hecho empezaba a surgir: el rastro de los activos rusos no llevaría a ninguna parte. El primer ministro belga, Bart De Wever, no ha dado señales de desaceleración. Las dudas de países como Italia, Bulgaria, Malta y República Checa se mantuvieron intactas. Viktor Orban y Robert Fico, por su parte, han seguido trabajando codo a codo para derrotar la solución que habría desencadenado el ATI de Moscú. En ese momento, la presión sobre Merz y von der Leyen dejó de dar signos de vitalidad.
Sobre la mesa de los 27, se reforzó el plan B, un préstamo de 90 mil millones financiado en el mercado de capitales con la garantía del MFP, es decir, el presupuesto comunitario plurianual. Sin embargo, tal acuerdo requiere unanimidad. Y aquí se produjo el segundo giro: Praga, Bratislava y Budapest se declararon dispuestos a votar el acuerdo, siempre que tuvieran la posibilidad de retirarse, es decir, de no participar en el préstamo para Kiev. A última hora de la noche, los 27 se reunieron y tardó menos de una hora en llegar a un acuerdo. “Si sabes hacer tu trabajo y hablar con la gente, puedes llegar a un acuerdo. Me preparé, hablé con mucha gente, aunque los secretos del negocio no se revelan”, observó De Wever con un guiño. Los activos rusos congelados permanecerán congelados hasta que Rusia pague una compensación a Ucrania. Y si no lo hace, la UE dice que está dispuesta a utilizar, de conformidad con el derecho internacional, esos mismos activos para reembolsar el préstamo. “Estoy feliz de haber conseguido los recursos necesarios, pero con una solución que se basa en una base jurídica y financiera sólida”, explicó Meloni al final de la cumbre. El rostro, visiblemente cansado. Pero pocos habrían apostado por una velada como ésta en Bruselas el día antes del evento.
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