La polémica en torno a la Bienal de Venecia vuelve a estallar, tras la decisión de autorizar la apertura del Pabellón de Rusia. El último impulso proviene de la Comisión Europea que, como anunció, ha decidido iniciar el procedimiento destinado a reducir la financiación del instituto lagunero si no se produce un cambio de rumbo. Esta posición exaspera a los representantes de la Liga y del Movimiento 5 Estrellas, que atacan frontalmente a Bruselas por lo que consideran una injerencia en las evaluaciones libres de una organización cultural autónoma. La advertencia de la UE, anticipada por La Repubblica y confirmada a ANSA por las instituciones comunitarias, llegó en una carta dirigida al presidente de la fundación Pietrangelo Buttafuoco, que aún no ha respondido, de acuerdo con la confidencialidad mantenida desde que estalló la polémica. La institución cultural tendrá treinta días para aclarar su posición o dar marcha atrás, de lo contrario perderá una subvención de dos millones de euros por un período de tres años, del 25 al 28. El líder de la Liga, Matteo Salvini, habla de “chantaje vulgar por parte de la burocracia europea hacia una de las organizaciones culturales más importantes y libres del mundo”.
“Estamos realmente locos – ataca -. Con lo que está sucediendo en el mundo y en Irán, es realmente vergonzoso que Bruselas esté amenazando a las instituciones culturales italianas”. Varios miembros de la Liga Norte critican el ataque de la Comisión, entre ellos el presidente del Consejo Regional del Véneto, Luca Zaia, que con más calma invita a todos a “tener un objetivo más alto, que es el de la paz”. Incluso para el líder del grupo M5S en el Senado, Luca Pirondini, la decisión de Bruselas “es un acto grave y arrogante”. “Se trata de una injerencia política en la autonomía y en la libertad cultural de los italianos expresada en el lenguaje de los burócratas – afirma -. Ante todo esto, ¿los ‘patriotas’ volverán a callarse y obedecer a Bruselas?” Según Angelo Bonelli de Avs, el asunto pone de relieve el doble rasero de la Unión Europea, que – explica – interviene sobre Rusia y guarda silencio sobre Israel. No hubo reacción por parte del Ministro de Cultura, Alessandro Giuli, que se opuso a la decisión de la Bienal. Aún se espera una evaluación de la correspondencia con artistas rusos solicitada a la alta dirección de la Fundación, en relación con una posible violación del régimen de sanciones tras la guerra en Ucrania. También se dice que la UE solicitó la opinión de Farnesina sobre el tema.
Al mismo tiempo, cinco operadores culturales vinculados a la participación rusa en la Bienal fueron sancionados por un decreto del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky. El decreto, firmado ayer, está motivado por el hecho de que las cinco personalidades “justifican la agresión y difunden propaganda rusa durante eventos internacionales”.