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“Aquí hay uno del que nunca más nos arrepentiremos”. Emmanuel Macron observa los resultados de las elecciones municipales del domingo por la tarde en ordenadores conectados al Ministerio del Interior, en el Elíseo. Y recae sobre los de la ciudad de Issoudun (Indre). El barón socialista André Laignel, en el poder desde 1977, acaba de ser desmentido. Número 2 de la Asociación de Alcaldes de Francia, ataca al jefe de Estado desde hace nueve años, criticando sus “fake news”, su “desprecio”, sus “discursos inútiles”… Una sonrisa se dibuja en el rostro del presidente.

En medio de una quincena de asesores, el presidente viaja entre la sala de embajadores, donde se recogen las papeletas, y la sala del partido, donde sus pantallas retransmiten programas especiales de televisión.

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