ef08abe_upload-1-g3dpqf1b0ftx-000-86gw8xg.jpg

La visita del Papa León XIV al Líbano, recién anunciada en octubre, pareció a las autoridades un apoyo bienvenido. Beirut, que no había sido invitada a la cumbre de Sharm El-Sheikh (Egipto) sobre Gaza, temió entonces ser marginada. Desde entonces, el horizonte se ha oscurecido: el Líbano se enfrenta a una fuerte presión estadounidense y los bombardeos israelíes, en violación del acuerdo de alto el fuego que puso fin a la guerra de otoño de 2024 con Hezbolá, son más agresivos. En este contexto se sitúa el viaje del Papa, previsto al País de los Cedros el domingo 30 de noviembre, “Llega en el momento justo. Es un bálsamo para el corazón”dice una fuente cercana al gobierno.

A su llegada, León XIV deberá reunirse con el presidente libanés, Joseph Aoun, el entonces primer ministro, Nawaf Salam, y el presidente del Parlamento, Nabih Berri. Los dos primeros llegaron al poder a principios de este año, con un importante apoyo occidental y árabe, en un escenario político sacudido por el debilitamiento de Hezbolá tras la guerra con Israel.

Sin embargo, a pesar del deseo declarado de liderar un cambio de dirección en el Líbano, emprendiendo reformas económicas y desarmando a Hezbollah, las nuevas autoridades se ven acusadas por la comunidad internacional de hacer demasiado poco o demasiado lento. Estas críticas son consideradas inapropiadas por M.gramo César Essayan, Vicario Apostólico de Beirut para los católicos de rito latino: “El país heredó una situación resultante de décadas de artimañas e interferencia extranjera: occidental, árabe o iraní”.

Te queda el 76,25% de este artículo por leer. El resto está reservado para suscriptores.

About The Author