Destete inesperado para los aficionados a la Fórmula 1. Cuando caiga el telón esta mañana del tercer Gran Premio de la temporada, en Japón (donde Kimi Antonelli consiguió la pole, por delante de George Russell y Oscar Piastri), habrá que esperar hasta el 3 de mayo para asistir a una nueva carrera, en Miami, y luego otras tres semanas antes de la de Canadá.
Son dos GP en nueve fines de semana. Estaban previstas veinticuatro antes de la cancelación de las etapas de Bahréin (12 de abril) y Arabia Saudita (19 de abril) por razones obvias de seguridad relacionadas con la guerra en la región.
Este interludio forzado llega en un mal momento. Ocurre cuando la serie avanza hacia el principio. Los dos primeros episodios fueron anestesiados por George Russell y Kimi Antonelli, ganadores respectivamente en Australia y China, al volante del Mercedes que sobrevoló la competición.
A esta falta de suspenso se suma un desagradable rumor en torno a los monoplazas moldeados por las nuevas regulaciones, que obligan a los conductores a controlar constantemente la potencia eléctrica de sus motores en lugar de acelerar a fondo. A Max Verstappen (Red Bull) le gusta esto “la sensación de conducir un Mario Kart o conducir un Fórmula E con esteroides”.
Los equipos están trabajando para hacer sus coches más eficientes, pero una vez más la guerra en Irán les presenta obstáculos. La entrega de piezas para mejorar los monoplazas, parcialmente almacenadas en Bahréin tras los test de pretemporada, es más cara de lo esperado.
Por tanto, es más difícil adaptarse a presupuestos limitados. En definitiva, hemos visto mejores narraciones para hacer soñar al público. “Los verdaderos fans seguirán siguiéndonos, pero otros pueden cansarse y los ratings se verán afectados esta temporada”predice el economista de F1 Marc Limacher.