(Anton) Virgilio Savona (foto), el de las gafas del Cuarteto Cetra, antes de su fama como cantante, escribió sobre crítica musical en el Giornale dello Spettacolo: ferviente admirador de Stravinskij, amante del realismo de Boris y de la sencillez de Mimì, confiado en el futuro del jazz (nuestra síncopa local). En sus escritos, recogidos en Oltre il Quartetto Cetra, editado por Paolo Somigli (Nardini Editore, 288 páginas, 22 euros), algunos recuerdos vívidos de la época dorada de Cetra (la historia de la parodia de Los novios es deliciosa, bloqueada para no eclipsar el drama de Sandro Bolchi) preceden a una paulatina toma de conciencia de lo que sucedía fuera del mundo dorado de San Remo y Studio Uno.
A finales de los años sesenta, Savona fundó Dischi dello Zodiaco, recopiló canciones populares y de emigración, escribió música psicodélica con la que Corrado Pani cuenta el mundo (Planeta peligroso) a la sombra del hongo nuclear, descubrió temas sociales aún vivos en la poesía latina cantada por el juglar Giorgio Gaber (Sexus y Politics), cantó las canciones infantiles de Gianni Rodari con versiones de Lele Luzzati, produjo la nueva canción chilena y la música de Mikis Teodorakis. Más allá del Cuarteto Cetra, Savona, músico de todas sus letras de nobleza y escritor-productor de conciencia, reflexiona sobre temas que no se desvanecen con la educación y la gracia con la que cantaba.